Por lo común se utilizan a nivel personal muy pocas páginas web. La información que recibimos parte de determinados puntos muy concretos. A ese homínido que llamamos «homo sapiens» le gusta la seguridad en lugar de tener que proceder a cibernavegaciones arriesgadas. Ulises no está de moda. Al que estas líneas escribe, empero, le gusta pulular por las redes y no pocas veces sin rumbo fijo. De esta guisa, uno se encuentra con rarezas, algunas con una pátina de humor. Este es el caso que me ocurrió hace tan solo unos días, cuando me tropecé con una historieta que había sucedido hace más de quince años.
¿De qué iba la cosa? La protagonista, según rezaba la información consultada, era una española, gallega por más señas, que en 2010 tuvo a bien escriturar ante notario que el Sol era suyo. Tal cual, sin anestesia previa. Además de vender parcelas «online», la señora o señorita de marras amenazó con emprender acciones legales contra las compañías eléctricas por comercializar una energía que era «suya».
No se daban más datos de cómo concluyó aquel sarao de la apropiación virtual de nuestra vital y amadísima estrella, pero me imagino que terminaría como otras muchas en este país: haciendo perder tiempo y dinero al ya de por sí parapléjico y embotado sistema judicial.
Este tipo de casos, que pueden resultar chocantes y hasta entretenidos en manos de un «cuñao» como Dios manda, afortunadamente no dejan rasguños, cadáveres en las cunetas o incluso destrucción de regiones y naciones enteras. El problema no reside en que tu novio trate de traerte, infructuosamente, la Luna con un lacito rojo el Día de San Valentín o pagues por adelantado a una agencia de viajes por un garbeo a Saturno para contemplar en asiento VIP los celebérrimos anillos.
La cosa se pone seria, inquietántemente seria, cuando determinados políticos de Eurolandia, gravemente enfermos de postnazismo, se aferran a sueños calenturientos en los que perfilan una Rusia descuartizada, limpia de incómodos de eslavos y (of course!) convenientemente saqueada. O, como aquellos otros «elegidos de Yavéh» que, sobrepasando los límites de cualquier enfermizo proyecto, dan un paso más y, bajo el sueño del «Gran Israel», tratan mediante genocidios y destrucciones crear un gigantesco territorio amasado en sangre para solaz de unos pocos que afirman ser «dioses» entre la chusma que somos usted y un servidor.
No sé si estos párrafos encajan o no en el nuevo proyecto orwelliano del sanchismo conocido como «Hodio» (con hache), pero al menos déjenme el derecho de despreciar públicamente ese sucio engendro criminal que malparió la Ilustración y que llamamos idealismo.
En cualquier caso, queridos, si acabo en Picassent recordad que me gustan las sardinas en lata, la sobrasada y las galletas napolitanas. A diferencia de los amigos de Epstein, mis vicios son baratísimos.


0 comentarios