A finales de enero de 2022 Felipe VI reivindicaba el “modelo español” en la América hispana y que había “que estar orgulloso” de la herencia que los españoles dejaron al otro lado del Atlántico. Fue en Puerto Rico. Cuatro años después, en México, ante un presidenta de apellido no mexica, no maya, no purpecha, no ixteca, no tlaxcalteca, ni siquiera totonaca, sino hebreo (Sheinbaum), el rey que reina pero no gobierna habló de que “hubo mucho abuso” en la conquista española.
Lo de “hubo mucho abuso” es una expresión a todas luces tan ambigüa como ayuna de coraje que, para la estulta izquierdita de acá, se quedó absolutamente coja y corta y, para la derechita de acá, pues como que aceptaó la píldora de mejor o peor grado pero que, al fin y a la postre, tragó modosita como la ramera de las ideas que es.
¿Qué narices ha cambiado en todo este tiempo? Absolutamente nada, señoras y señores. Es el vaivén, el politiqueo zaparrastroso de una institución inodora, incolora, insípida y absolutamente prescindible. Mañana será Feijóo el inquilino de La Moncloa y el Borbón no tendrá el menor empacho en decir cualquier nadería donde en su día dijo Diego.
El sarpullido negrolegendario no está ahí sólo por la maldad de británicos, holandeses, franceses y demás hierbas, sino por la cobardía y la dejadez de un pueblo que, desde la aguda crisis del 98, se entregó a la estulticia de creer que la penicilina para acabar con sus males tenía una urdimbre exógena, desoír el latido de su propio corazón y escupir sobre su propia sangre, culminándolo todo en la igniminiosa entrega a los brazos del yanqui en 1953 y la entrada, en 1986, en esa nauseabunda pocilga woke conocida como “Unión Europea”.
¿Cómo rearmarse? Como siempre, apague vd. la “caja tonta” y póngase a leer. La cantidad de autores españoles es kilométrica: Fernando García de Cortázar, Elvira Roca Barea, Iván Vélez, Roberto Fernández Retamar… Lo mismo ocurre con los extranjeros, por si no acaba de fiarse de los de casa: Robert Goodwin, Marcelo Gullo, Stanley G. Payne… Pero si vd. quiere que se lo den todo bien masticadito, porque es abiertamente refractario al papel de edición y a la letra impresa, métase en YouTube y zambúllase en los pedagógicos y divertidos vídeos del mexicano Juan Miguel Zunzunegui.
Y, sobre todo, piense que lo suyo tiene cura. Créame.


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