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Por J.M. Pérez

Los agricultores extremeños se han levantado en Don Benito contra el estrangulamiento a que les somete el mercado libre voraz y las políticas salvajes de depredación impuestas por las oligarquías políticas socialistas de España y Bruselas/Unión Europea.
Querían manifestar su descontento por la miseria de los precios agrarios que reciben ante el presidente autonómico socialista Guillermo Fernández Vara y el Ministro de Agricultura Luis Planas, que acudían a un evento. Como todos sabemos, los “palos” policiales ordenados por el gobierno socialista contra los manifestantes, fueron monumentales.
La agricultura española es más molesta para el socialismo que el independentismo catalán, cuya subversión callejera basada en los CDR terroristas y la guerrilla urbana es premiada con el vergonzante quietismo de las fuerzas policiales decretado por el PSOE.
El líder de UGT, un tal Pepe Álvarez, sr. Pañuelitos para los amigos, ha calificado a los agricultores extremeños como “carcas” y fachas “terratenientes”. No es de extrañar; Alvarez es un tragasables del PSOE ¿Por qué la agricultura española molesta tradicionalmente al socialismo, a la izquierda y al sindicalismo de pandereta, chupóptero y subvencionado de UGT y CCOO? Pues porque en el genoma primigenio del comunismo del que emana la izquierda española radica el odio a los propietarios de la tierra, pequeños y grandes.
El “Manifiesto Comunista” de Marx y Engels proclama la abolición de la propiedad privada agraria y de todo tipo. El comunismo llevado a la realidad, el que admiran Pablo Iglesias o los socialistas de UGT y CCOO, que es el de Lenin y Stalin, implantó el exterminio del campesinado libre propietario mediante la colectivización forzosa de la tierra en forma de granjas colectivas.
En Rusia, Lenin mató de hambre, cuando no de exterminio físico, a los campesinos opositores a la estatalización colectivista decretada; Stalin, además, mató de inanición y robo de las cosechas privadas, al pueblo ucraniano en un genocidio jamás condenado por la izquierda española llamado “Holodomor” en el invierno de 1932-1933. Odiar el campo y al agricultor libre y propietario, a la izquierda neomarxista le viene de cuna.
Está claro también que el sindicalismo chupóptero, subvencionado y ruinoso que no subsistiría de ser por la subvención, odia al agro español porque éste es el resguardo último de la tradición popular y solariega de la España ancestral.
La crisis del campo español, que hoy agoniza, tiene 30 años de existencia. ¿Quiénes vendieron la agricultura española a la ambición del mercado libre desaforado, al recorte de Bruselas y al globalismo? Los apátridas de PSOE y PP, además de los coros sindicales trepas. Para entrar en la Unión Europea y “converger” con el mercado único, fueron Felipe González y los sucesivos gobiernos del PP, los que consignaron un modelo de entrega de la soberanía española agraria, de aceptación de cuotas limitativas sobre nuestra vid o lácteos, así como de aceptación de un caramelo envenenado que entrañaba convertirnos en mayordomos de Alemania y Francia llamado Política Agraria Común. Amputaron la agricultura española.
SINDIC
Sin embargo en el tan denostado régimen franquista y hasta nuestra incorporación a la UE en 1986, gracias a la firma del Acuerdo preferencial comercial entre España y la Comunidad Europea de 1970, España era una potencia agraria de primer orden exportadora de productos agrarios. Nuestro marco comercial era de superávit con los países europeos de nuestro entorno. La hábil negociación franquista del mencionado Acuerdo de 1970, hizo que las estructuras agrarias españolas fueran boyantes y exportadoras. Pero llegó Felipe González, y prometiendo “exportar más” y “vivir mejor”, suspendió el Acuerdo de libre Comercio para entrar en la Unión Europea.
De este modo, entrábamos de lleno en un mercado globalizado, donde la progresiva invasión de mano de obra inmigrante iba a favorecer el hundimiento salarial del jornalero autóctono, y donde Francia y Holanda imponían sus vetos a la agricultura española teniendo como escaparate de su odio a España los famosos vuelcos de caminos de fruta españoles en suelo francés durante los 80 y 90. Por si fuera poco, partidos políticos españoles apátridas como PP y PSOE y sus tentáculos en Bruselas aprobaban Tratados de Libre Comercio en los años 90 y 2000 con terceros Estados como Sudáfrica o Marruecos que inundaban de productos foráneos los mercados españoles y europeos.
De este modo, el pasado año 2019, se vieron arruinados los agricultores valencianos de la naranja que no pueden competir con los millones de toneladas de naranja sudafricana producida con costes laborales y sociales tercermundistas y orillando las exigencias de control medioambiental y fitosanitario que sí se exigen a los agricultores españoles soportadores de una carga social y fiscal asfixiante. Esta competencia desleal promovida por los tecnócratas europeos y sus esbirros políticos ha machacado a la España agrícola de Levante y ahora a la del Oeste y Sur español.
A este dantesco panorama donde Felipe, Aznar, Zapatero, Rajoy y Pedro Sánchez, por su inacción y cesiones, nos han desfondado como potencia agraria, hay que sumarle otro capítulo especialmente lacerante: la estulticia y filibusterismo del actual presidente Pedro Sánchez. Un tipo que se ha proclamado públicamente enemigo de Donald Trump, y que en 2019 cuando Italia, Grecia o Francia estaban negociando los aranceles con EEUU, él estaba entretenido profanando el cadáver de Franco, proclamando derechos LGTB e insultando al presidente estadounidense. El resultado ha sido el esperado: Francia, Italia o Grecia, que han negociado, no van a recibir castigos arancelarios a sus vinos o aceite de oliva. España sí, y además la ruina del olivar está ya garantizada.
Así pues, gracias a una combinación de antipatriotismo, cobardía e inutilidad de los gobernantes españoles desde los años 80 a esta parte, el agro español queda al albur de grandes superficies y multinacionales, arruinado en sus bases productoras y devorado por el globalismo desaforado decretado por esa Unión Europea donde Francia y Alemania han querido hacer de España un país “low cost” reducido a turismo de chancleta y balconing, camareros mileuristas y verbeneo de guiris jubilados.
Entre los políticos apátridas internos y los enemigos externos de España, nuestra Nación es hoy una economía devastada, con pies de barro y un potencial agrario antaño prometedor pero hoy arrasado y en desaparición. Para que encima venga ahora, un mierda de sindicalista de UGT a decirles a los campesinos que son “carcas” y terratenientes… Más le valdría al deslenguado presidente de UGT Pepe Alvarez usar el pañuelito ése que porta en su cuello para ganarse la vida como “Drag Queen”; la actividad de UGT desde hace 15 años va más con defender los derechos LGTBi que con el mundo laboral, pues el agro es de fachas. No verán a ningún sindicalista que trabaje, pero dar por el culo….todos.