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Artículo publicado por La Conquista del Estado nº4, Madrid, 26 de enero de 2020    https://drive.google.com/drive/folders/1_WEMltvijiLB2QXu2GPwx1F_t8WbTP1b

Por P.P.C.
 
Nuestra España ha sido vaciada de locura. No me malinterpreten, locura no definida como la pérdida de cordura, que es la que se le atribuye (erróneamente) a nuestro peculiar caballero. Sino locura como actitud pasional e incomprendida, como la pureza del acto.
Don Quijote precisa de un entendimiento más allá de la lectura superflua, una reflexión que permita comprenderlo como lo que es: un caballero pasional, fervoroso de sus principios y en pugna constante por definir sus cuestiones últimas.
¿Por qué digo esto? Pongamos un ejemplo: El episodio en el que Don Quijote se enfrenta a lomos de Rocinante contra los inconmensurables gigantes. Como verán, me niego rotundamente a llamar molinos a los gigantes. A ojos del ocioso y arribista Sancho, los gigantes no eran más que inofensivos y victimizados molinos, los cuales no merecían más que pasividad y ayuda. En cambio, nuestro incomprendido héroe desde su fervorosa pureza los ve como los mayores enemigos jamás contemplados.
Mi análisis, querido lector, desea hacerle ver cómo los objetivos vitales del individuo codifican un prisma que actúa como filtro para ver la realidad. Depende de quien domine la construcción o codificación de ese prisma y sus intereses, se tendrá una cosmovisión u otra, aunque la demolición de ese prisma sólo dependa del mismo individuo (entiéndaseme, con las dificultades que esto conlleva).
En nuestra sociedad, más paródica que quijotesca, el invierno político se alarga más y más. Y es preciso entender por qué sólo unos cuantos logramos ver a los gigantes que perpetúan nuestro invierno cómo los gigantes que son, en lugar de verlos cómo inofensivos y victimizados molinos.
No es, sino el prisma creado por los mismos gigantes el que pervierte a esta nuestra España para ver desde los ojos Sancho Pancistas los crueles y despiadados colosos cómo inocuos molinos.
– ¡Pobrecitos estos molinos, que están aquí para ayudarnos con el trigo! ¡No son gigantes, Don Quijote!¡Está usted loco! – Diría cualquier Sancho Panza de turno.
En cambio, nuestro caballero castellano que como buen sabio, lector e incomprendido enloquecido es, lucha por él mismo, por su Dulcinea y por el arribista Panza. No se cuestiona el porqué de jugarse la vida contra unos peligrosos gigantes. Sabe de sobra que su Dulcinea es un amor absolutamente platónico, sabe de sobra que Sancho Panza sólo le acompaña en sus aventuras para obtener sus réditos personales.
Y pues, ¿por qué nuestro hidalgo sigue enfrentándose a los titanes? Porque bien sabe él que la visión de sus coetáneos sobre lo que ellos ven como molinos es errónea, y luchará por ellos y por defender su verdad y a su Dulcinea, aunque de ello dependa su vida.

 

Debemos quijotizar nuestros corazones, dulcineizar España, luchar (también) por los trepas y haraganes Sancho Panzas y combatir sin contemplaciones a los gigantes. El futuro es de Quijotes, la primavera es de Quijotes.