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Artículo publicado en la revista La Conquista del Estado nº5, Madrid, 1 de febrero de 2020

https://drive.google.com/drive/folders/1_WEMltvijiLB2QXu2GPwx1F_t8WbTP1b

Por P.P.C. 

 No se si ustedes saben la situación que hoy vive nuestro mundo rural. Mundo rural, mundo rural, ¿a qué les suena?

   No me equivoco, apreciado urbanita, si con todo (o con ningún) aprecio les digo que no le suena a nada. Probablemente les huela a abono, estiércol o pescado. Es más, me aventuro a decir que les evoca a un señor de unos 50 años con aroma a Brumel, puro y carajillo al grito de un “Viva España” poco vocalizado.
 
   No pueden estar ustedes más equivocados. Se sientes conocedores del mundo rural por pasar un mes de vacaciones en su pueblo de Castilla, riéndose de las palabras mal dichas de los que cuidan y miman sus tierras. Se sientes conocedores del mundo rural cuando pasean por los puertos de Valencia viendo a los pescadores descargar las pocas piezas que permiten su subsistencia como si de un zoológico se tratara. Se sienten conocedores del mundo rural cuando, vestidos con una sudadera y unos pantalones pitillo bajo los que asoman calcetines arcoíricos, se acercan al bar de su pueblo en el que ven almorzar a lo que a usted le parecen bestias.

   Imagínese si se siente conocedor del mundo rural que se permite el lujo de entonar en su fino hablar de capital algún “unga unga” acompañado de una perfecta sonrisa de ortodoncia y una caricia a su pelo recién peinado con algún potingue más caro que un litro de aceite de oliva.
 
    Usted no conoce nada, querido urbanita, no conoce que el campo, el mar y la mina son la base de absolutamente todo. No conoce que ese lugar al que no llega el metro es el sustento económico y cultural de nuestra nación. No entiende que, para ellos, para nosotros, España es la tierra y quien la trabaja. Ese “Viva España” poco vocalizado esconde callos en las manos, esconde la piel curtida por los cortes en las palmas al varear o al recoger naranjas, esconde el almuerzo a media mañana devorado por el agotamiento. Ese “Viva España” esconde un gracias a la tierra, un gracias al sostén patrio, un gracias al mundo rural.
 
   Y con esto acabo, querido urbanita, diciéndole que ya está bien. Que las manifestaciones en Extremadura y en Jaén son cosa de todos. Por mucho que su pasividad y la puesta en venta del sector primario por parte de la clase política se empeñen en destruir la esencia de nuestra patria. El mundo rural lucha, España lucha.
 
      No lo conseguirán, Jaén seguirá siendo un mar de olivos.