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Por J.M. Pérez
 

La catástrofe de la vieja política europea se ve en la cacharrería de canallas vestidos de postín, pegados a las ubres burócratas europarlamentarias de Bruselas que no sirven para nada, salvo para imponer a las Naciones los candados a su libertad y a su seguridad.

“Tratados de libre comercio” con Sudáfrica o Marruecos que hunden nuestra agricultura autóctona española, o escandalosas “cuotas de aceptación de inmigrantes refugiados” a los Estados miembros, son obsequios pactados e impuestos a los pueblos europeos por los “eurodirigentes” pegados a cenáculos oscurantistas como la Comisión europea o el Consejo europeo.

La Unión Europea ha evolucionado hacia un indisimulado aparataje de directivas, reglamentos y directrices que socavan a las Naciones del “club” en sus mimbres más elementales. Hay Directivas europeas de control a nuestros ganaderos y agricultores que los aplastan con exigencias de calidad rigurosas, mientras productores predadores marroquíes, turcos o sudafricanos entran a nuestro continente para barrer a nuestros agricultores locales.

Existe una alianza abierta y enconada de los partidos del “establishment europeo”, liberales, peperos, socialistas, comunistas y verdes, de todas las naciones, para imponer el modelo antieuropeo de la “multiculturalidad”; para aceptar la pretensión del Fondo Monetario Internacional y de la ONU, de que Europa necesita más de 300 millones de inmigrantes en los próximos 30 años. Christine Lagarde, actual presidenta del Banco Central Europeo, y exdirigente del FMI, ya vaticinó que España necesitaba 6 millones de inmigrantes en los próximos 20 años. La agenda proinmigracionista está oficialmente impuesta en Occidente. Y los resultados están a la vista: la Seguridad Social española en caída libre y quebrada, la reposición demográfica se sitúa en un invierno pavoroso y la delincuencia sexual y el terrorismo de corte islamista, van en aumento. Los nigerianos que arriban a España en patera, o los “menas” que nos cuestan 7000 euros mensuales, no vienen a pagarnos ninguna pensión, sino a hundir el sistema.

Y es necesario, perentorio y de importancia suprema que en este contexto europeo donde se han arrasado las políticas natalistas, y se ha impuesto el proinmigracionismo, el abortismo y el neofeminismo, surjan voces discrepantes; voces hartas de ese letal consenso europeo favorable al exterminio de las fronteras nacionales y a la implantación de ideologías sociales disolventes. Es necesario erigir una “nueva política” sobre la defensa de la familia tradicional como institución a preservar y dentro de los valores conservadores que compactaron las antaño Naciones grandes como España: autoridad familiar y paterna, respeto a la ley, la homonegeneidad cultural cristiana, la natalidad premiada con beneficios fiscales y seguridad jurídica, la igualdad de todos los sexos ante la ley o el proteccionismo económico racional compaginado con la libertad económica y el mercado regulado.

Esta “nueva política” que es el retorno a la sensatez, se está comenzando a hilvanar como contrapeso al liberalismo desnortado fracasado, y en ella se han metido de lleno los líderes de la derecha social e identitaria europea, reunidos en la “Conferencia de Conservadurismo nacional” celebrada en Italia en el día de hoy. A ella han acudido el primer ministro de Hungría Victor Orban; Anna Maria Anders embajadora polaca en Italia; conservadores británicos; representantes de la Liga de Matteo Salvini; Giorgia Meloni de “Hermanos de Italia”; Santiago Abascal de Vox y Marion Marechal Le Pen, entre otros.

Vox ha dado un paso de gigante en su significación como baluarte del euroescepticismo español, la derecha social y la nueva política. Vox ha de saber que algunos de los más agrios problemas que enfrenta España, motivados por gobernantes españoles que han cedido soberanía de forma irresponsable, son consecuencia de una Unión Europea cada vez más déspota e intrusiva en sus recortes a la libertad de los españoles y sus costumbres. Vox ha de saber que la agricultura española y la ganadería hoy en pie de protesta por su ruina inminente no pueden depender de los dictados interesados y espurios de unas élites económicas y políticas subsumidas en las creencias de George Soros sobre el libre mercado desaforado y el exterminio de las fronteras nacionales. Vox ha de saber que las apetencias de una tirana antisocial como Christine Lagarde no pueden liquidar los derechos de nuestros pensionistas, dependientes ni desempleados.

La natalidad y el crecimiento demográfico de España, nuestro Estado del Bienestar español que comenzó a labrarse en los años 60 del pasado siglo, no puede pender del capricho mentiroso del cuento de la “inmigración” fomentado por los intereses de los caciques deseosos de mano de obra barata para reventar salarios. La industrialización nacional de España, nuestro abastecimiento energético o nuestra alimentación no pueden depender de la agenda liberticida de “Greta Thunberg” que la Unión Europea ha adoptado al unísono declarando la guerra a la carne, al diesel, a la caza y a la energía nuclear.

Nuestra forma de vida y nuestras libertades como españoles en un Estado de derecho no pueden depender de las resoluciones grotescas de tribunales regionales alemanes y belgas o de otros, que como el Tribunal de derechos humanos se erigen en benefactores de etarras y separatistas por oscuros conchaveos con el socialismo y la masonería.

La alianza por la Europa de las Patrias y los derechos sociales a la que se ha unido Vox con otras fuerzas patriotas europeas es una esperanza; la única posible a día de hoy para dar la batalla cultural y política contra la desaparición de las Naciones occidentales y de la libertad de sus gentes. Vox ha tomado una senda inteligente. Si no la defrauda, la España harta y rebelde, la que con cada vez menos complejos observa sus problemas reales, secundará a Abascal. La “nueva política” ha de enterrar a la vieja, fracasada y apátrida. Adelante con ella.