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Por J.M. Pérez
 
Manda güevos que un botarate sinfónico del socialismo de postín encorbatado como Luis Planas, Ministro de Agricultura, venga a dar lecciones a los agricultores que madrugan sobre los porqués del canibalismo que están sufriendo.

Los agricultores españoles se han puesto en pie de guerra contra la ruina inminente, promovida por piratas parásitos como el Ministro Luis Planas, un personaje nefasto y vividor del gobierno socialista de Pedro Sánchez a razón de más de 70 euros anuales de sueldo ministerial.

Para marear la perdiz e insuflar demagogia falsaria inyectando odio de clases al más puro estilo marxista, Luis Planas y el profanador Pedro Sánchez echan la culpa de los precios de miseria a las “grandes distribuidoras” y supermercados, convertidos por el lenguaraz y viperino vocabulario socialista en los nuevos caciques de España, en los carca-fachas explotadores.
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Y ni por asomo va el problema con Carrefour, Mercadona o Lidl. Ese cuento socialista de confrontación es el mismo que el aplicado por el sindicalista Pepe Alvarez -“pañuelitos” de UGT-, cuando tildó las protestas del campo extremeño como agitaciones de “terratenientes y carcas”.

Ya está bien de discursos tramposos, decimonónicos y absurdos. El opresor del agricultor español no es otro que el Estado de políticos trepas y sus taifas autonómicas, así como la Unión Europea y su enjambre de directivas y prohibiciones abusivas.

Las envasadoras, las distribuidoras, las empresas logísticas de transporte…En definitiva, los intermediarios, barren para casa, para favorecer su beneficio; como todo hijo de buen vecino que quiere competir y sobrevivir en esta sociedad. El precio final del producto al público está ajustado al máximo por los vendedores para poder competir con tantos otros actores como existen en el panorama del mercado libre. Es mentira que la culpa de la depredación sobre el precio de origen que cobra el productor agrario sea de los intermediarios o de las “grandes superficies”. Creer este cuento es caer en la red del marxismo económico, en el discurso de lucha de clases, y en el blanqueamiento del socialismo que es junto a los tecnócratas de la UE, los únicos culpables de la ruina agrícola española.

Desde los años 80 del pasado siglo los costes energéticos sobre los españoles, y no digamos ya sobre los agricultores, se han multiplicado gracias a la progresiva liquidación de la energía nuclear que abarataba la factura, y que era la genialidad introducida por el franquismo para hacer de España una potencia energética soberana; el felipismo firmó con la Unión Europea su sentencia de muerte. Desde los años 80, España, por imposición de la UE ha aceptado cuotas limitativas sobre sus lácteos, sobre su vid o sobre su olivar. Desde los años 90, un caramelo envenenado llamado PAC (Política Agraria Común) y sus subvenciones tramposas, han convertido a España en mayordomo de Alemania y Francia que han puesto a nuestra agricultura española al abasto de sus caprichos y deseos. Desde los años 2000, infectos Tratados de Libre Comercio con terceros países tercermundistas, hechos para debilitar a España como potencia citrícola y hortofrutícola, han favorecido que millones de toneladas de naranja sudafricana o tomate marroquí (por citar sólo dos ejemplos) invadan suelo europeo para hundir a nuestros productores españoles en una clara situación de competencia desleal.

Socialistas, populares, liberales, verdes, y demás esbirros de la globalización entusiasta votaron a favor de esos pérfidos Acuerdos comerciales que eran un misil de flotación contra la agricultura española.

Sobre la faz de Merkel y Macron está grabada a fuego, como en la de sus antecesores, la voluntad de hacer que la agricultura española sea una nadería descuajada ante el nacionalismo agrario y ganadero francés u holandés, que se han convertido en los privilegiados por los Tratados y acuerdos europeos. España ha sido como la puta barata en Europa; ha puesto la cama, y encima no la han pagado. Los británicos, que no quieren soltar una libra para seguir soportando un club europeo fracasado, fueron astutos; no se unieron al Euro y ahora que la mierda inunda las alforjas de la Unión (anti)Europea frente a una nueva recesión, se las piran. Los apátridas de PSOE y PP en conjunción con sindicalistas marranos y podemitas bolivarianos, han despedazado España para satisfacer sus obsesiones ideológicas unos, y su cobardía los otros.

La izquierda española junto a las oligarquías de la Unión Europea, absorbidos por el credo “Green new deal” de Greta Thunberg, son defensores del fin del diesel (del que viven los agricultores) y son ejecutores de los abrasadores impuestos camuflados (como la demagógica y absurda subida del Salario Mínimo Interprofesional decretada por el profanador Pedro Sánchez). Y son por ende los culpables de la ruina del agro español al aumentar los actuales costes de las explotaciones agrarias hasta extremos insostenibles.

Más valdría a los socialistas tramposos dejarse de las estúpidas majaderías marxistas para desviar sus culpas hacia otros, y luchar de verdad por el campo español recobrando el pulso de nuestra soberanía y nuestra libertad nacional. Si los agricultores y ganaderos españoles tienen un opresor que los lamina en los precios de origen es el Estado ladrón y vampírico de este comunismo voraz y confiscador que con impuestos para mantener Autonomías, politicastros, ONGs y parasitismos varios, está asfixiando a la España que trabaja.