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Me dice un amable lector, que prefiere no dar el nombre, cosa que respeto, que, al igual que existe una leyenda negra sobre la historia de España, existe una leyenda rosa, que no está nada claro que sea cierta. Me dice que, al expandirse el protestantismo, España fue quedándose atrasada, aunque no está seguro que esta fuera toda la causa. Me dice que ser newtoniano no estaba bien visto, cita las condenas a Galileo y al sistema copernicano, como la Iglesia se metía en un campo científico que no era el suyo. Sin embargo, este amable lector, que es persona culta, reconoce que ese atraso no existía en los tiempos de Francisco de Vitoria y de Felipe II, y que los protestantes podían ser tan estrictos o más que los católicos en algunas cuestiones, como demostraría el caso de Servet.

Personalmente, no creo que exista tal leyenda rosa. En su momento se habló de una leyenda aurea, que exageraba las victorias militares españolas, ya de por sí exageradas en determinados episodios de la historia, pero no implicaba ninguna falsedad ya que tales victorias eran ciertas. Lo que sí existe es una leyenda negra contra España y, lo que es peor, su asunción dentro de la propia España especialmente desde el desastre del 98.

Respecto a lo que dice este amable lector, en el siglo XIX se planteó la famosa polémica sobre la ciencia en España en la que profesores krausistas (los progres de la época) sostenían que España no había aportado nada a la historia de la ciencia por verse lastrada por el catolicismo y la Inquisición. Otros, con mejor criterio, defendían que España sí que había realizado aportaciones sustanciales a la historia de la ciencia. De hecho, el gran catalizador de la revolución científica fue el descubrimiento de América, realizado por España, y, en el siglo XVI, las universidades más prestigiosas eran las de Alcalá de Henares y Salamanca, y el movimiento intelectual y científico más importante era la Escuela da Salamanca.

Por poner algunos ejemplos, Galileo, al que cita, nunca fue torturado ni ejecutado por la inquisición, contra la creencia popular plasmada en el famoso grabado de Goya, sino condenado a rezar unos salmos penitenciales y a un arresto domiciliario que pasó recluido en palacios de sus nobles protectores, paseando por sus jardines. No fue molestado de ninguna otra forma ni se le impidió seguir con sus trabajos. Su acusador, de hecho, era otro científico, de modo que aquello fue más una batalla entre la ciencia académica «oficial» y un investigador «rebelde», que, entre ciencia y religión, donde el papado ejercía un arbitraje basado en su prestigio. En contraste con ello, Servet, al que también cita, descubridor de la circulación sanguínea, fue quemado vivo por Calvino, después de espantosas torturas y Lavoisier, padre de la química moderna, fue aguillotinado en la Revolución francesa, bajo el argumento de que la revolución no necesitaba científicos ni químicos.

No hay tal retraso científico de España, existe un retraso económico operado en gran parte en el siglo XIX y que durante el franquismo se remonta en gran medida. Tampoco la actividad científica es menor en España que en los países protestantes. Atraviesa una crisis en la segunda mitad del siglo XVII, pareja a la crisis política y militar del Imperio, que comienza a sumar derrotas después de siglo y medio de victorias contantes, remonta en el XVIII y vuelve a disminuir en el XIX por la situación constante de inestabilidad de la época. Nada que ver con la inquisición ni con el catolicismo.

Hablo extensamente de todos estos temas en mi libro «El Sueño de España», que presenté el viernes día 4 en Valencia y que se ha puesto a la venta recientemente en ediciones Fides.