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En la cadena de destrucción de la cultura cristiana y, en especial, católica, aquella sobre la que se construyó la civilización occidental, iniciada con el protestantismo y continuada con la ilustración, el liberalismo y, ahora, el globalismo, se ha conseguido ya desprestigiar la religión y la tradición, hasta el punto de percibirse como realidades antipáticas, para muchas personas, pero todavía queda un pequeño reducto en el que ejercen su influencia, como son las fiestas tradicionales de origen religioso.

Mucha gente ya no es creyente o, al menos, practicante, y detesta todo lo que suene a tradicional, apuntándose a cualquier nueva idea o moda que surja, tan solo por ser nueva, pero, sin embargo, sigue celebrando la Navidad, la Pascua, se sigue casando por la Iglesia, etc.

La sustitución de esas celebraciones, que nos ayudan a percibir el paso del tiempo y a estructurar nuestra vida, por otras más acordes al pensamiento imperante en esta época decadente, es uno de los objetivos de las élites dominantes. En ese sentido, el reemplazo en el lenguaje de la felicitación de la Navidad por la de las “fiestas de invierno”, de la Pascua por las “vacaciones de primavera”, la prohibición de los Belenes, la negativa a colocar las banderas a media asta en Viernes Santo y otras medidas parecidas se comprenden mejor. De igual modo, la colaboración institucional en lo que eran jornadas reivindicativas de colectivos determinados, a las que se da carácter de ideología imperante, amenaza con establecer nuevas “tradiciones” festivas llamadas a sustituir a las anteriores conforme a la nueva pseudorreligión de la corrección política. Si antes mayo era el mes de María y junio el del Sagrado Corazón, ahora marzo es el mes de la ideología de género, con las manifestaciones del día 8 como clímax, y junio el del homosexualismo, con el desfile del orgullo gay como hito. Démonos cuenta que al principio estas celebraciones ocupaban solo un día, después una semana y ahora se prolongan, prácticamente, durante todo el mes.Conspiración del lobby gay homosexual contra los valores que fundaron la cultura cristiana

Respecto al desfile del orgullo gay se da la paradoja de que, en los lugares en los que podría tener un sentido reivindicativo por estar los homosexuales discriminados o perseguidos, dicho desfile no se celebra y sería impensable, como en una dictadura comunista o en un régimen islamista. Sin embargo, en los lugares en los que se celebra, las tesis homosexualistas no solo han sido ampliamente aceptadas, sino que, se han convertido en imperantes e, incluso, indiscutibles, de modo que este desfile, más que un acto reivindicativo asemeja más a un “desfile de la victoria”. La colaboración institucional con este acto privado e ideologizado, cada año mayor hasta el punto de engalanar edificios públicos con la bandera homosexualista del arco iris, entre otras muchas muestras, compromete la necesaria imparcialidad ideológica de las instituciones y confirma al homosexualismo como parte de la “ideología oficial del sistema”, por así llamarla. Y no contentos con ello, incluso se permiten multas, coacción y censura hacia quienes osen criticarlo saliéndose de los cauces de los políticamente correcto. Cuando lo cierto es que estos desfiles, cada año muestran un peor gusto y una estética más repulsiva, hasta el punto de horrorizar a gran cantidad de homosexuales, que no se sienten identificados en absoluto con ellos. Si en su origen fueron actos reivindicativos, hace años, o tal vez décadas, que dejaron de serlo, habiendo derivado, básicamente, en apologías del mal gusto. El orgullo gay ya no trata de reivindicaciones ni de derechos ni de orgullo ni de homosexuales, ya solo se trata de saber quién manda.

Nos preguntamos cómo será el orgullo gay en estos tiempos de Coronavirus. Si las manifestaciones del 8 de marzo marcaron una extensión de contagios que ha llevado a España a ser el país con más muertos por millón de habitantes y las del black lives matter se han consentido sin crítica, después de criminalizar a quienes en mucho menor número y con muchas más precauciones protestaban contra el gobierno: ¿qué ocurrirá este año con el famoso desfile homosexualista?

 

El Ayuntamiento de Valencia lanza una cara campaña para celebrar el Orgullo de muy mal gusto