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Las rutas de la España mágica son una forma alternativa de hacer turismo y redescubrir nuestro país.

A menudo oímos que este o aquel ha previsto realizar un viaje en verano al Extremo Oriente con la idea de conocer e imbuirse en una cultura exótica y ancestral. Desde luego existen múltiples y remotas civilizaciones poseedoras de saberes ancestrales, e ignorar su valor sería una necedad, pero no es más cierto que solemos pasar por alto que la experiencia estimulante que nos ofrecen estos destinos, también se encuentra oculta en nuestra tierra.

A fin de valorar y descubrir al viajero el interés del turismo nacional, vamos a iniciar una serie de artículos en base a las rutas y enclaves curiosos recogidas por Juan García Atienza en su libro “Guía de la España mágica”. Antes de nada, hay que aclara que dicho concepto engloba todo lo insólito, fantástico, heterodoxo y misterioso que se ha dado cita en el espacio peninsular desde antigüedades muy remotas. Podemos hablar de cuevas rupestres, fiestas extrañas, santos imposibles, leyendas de moros y avistamientos celestes.

En este primer volumen proponemos una ruta por la tierra mágica por excelencia: Galicia. La región más “céltica” de nuestro país ha sido depositaria de numerosas tradiciones gnósticas y saberes herméticos desde época prerromana. Así en la provincia de Pontevedra, cerca de Marín y a orillas del atlántico, podemos descubrir las Piedras de Mogor, restos neolíticos de una cultura desconocida que parecía extrañamente obsesionada por los petroglifos en forma de laberinto. Al parecer, dichas sesudas formas grabadas en la roca son son representaciones esquemáticas de un saber superior olvidado.

Más al norte, en la provincia coruñesa, podemos visitar Padrón, antigua Iria Flavia, lugar natalicio del insigne Camilo José Cela, y según la tradición Jacobea, punto de llegada de los santos restos mortales del Apóstol Santiago quien, tras su martirio en Jerusalén, fue milagrosamente trasladado hasta los confines de Hispania en un féretro marmóreo. Naturalmente, desde este punto podemos llegar a Santiago, ciudad santa por excelencia a la altura de la Lhasa nepalí, hogar de canteros  y orfebres en cuyas obras se esconde una ciencia sólo compartida en su gremio.

Una vez visitada la tumba del Patrón de las Españas y tomando Santiago como punto de referencia, pueden visitarse numerosas poblaciones y parroquias, y en casi todas ellas puede encontrarse algún elemento de interés, estando repleto el lugar de “cruceiros”. Por ejemplo, es curioso visitar Betanzos, villa cuyo símbolo es el cerdo o jabalí, el cual se halla representado en diversos espacios como la iglesia de Santa María de Azogue. Allí esculturado junto a un oso, sirve de pie al sepulcro de un gentilhombre del lugar. Se ha afirmado que el cerdo es enseña del sacerdocio de los saberes esotéricos y el oso representa la defensa de dichos conocimientos.

Terminamos como no podía ser de otro modo, no en Finisterre, sino en San Andrés de Teixido, en la costa más septentrional de Galicia. Según la tradición, a San Andrés van de muertos los que en vida no fueron, por eso está prohibido pisar o dañar a los insectos o alimañas en Teixido, pues pudieran ser almas purgantes que peregrinan a la Costa de la Muerte por redimirse de sus culpas. En la romería de San Andrés se dan lugar increíbles costumbres que, a pesar de la modernidad y la estulticia progresista, siguen en pie. Por ejemplo, las mujeres del lugar venden figurillas “mágicas” de masa de harina en forma de mano, pez, paloma o serpiente. Así mismo, la imagen venerada de San Andrés es marcadamente un busto, por lo que algunos han querido encontrar semejanzas con los “bafomets” templarios e incluso se ha relacionado con el San Saturio de Soria.

En cualquier caso, el pueblo gallego es heredero de un carácter curioso y ancestral. Los cuentos de meigas y Santas Compañas no creo que sean simplemente rémoras supersticiosas, sino que forman parte de un espíritu particular en la Hispanidad de ser y estar en el mundo, muchas veces más sabio que los “data base” y algoritmos de nuestro tiempo. Les animo a conocerlo.