Quién les hable de la positividad del “fondo europeo de recuperación” para España porque “así nos controlarán hasta el último céntimo” y por fin “cortarán las alas al gobierno social-comunista derrochador”, o no sabe de lo que les habla o es un vasallo acrítico de las élites de Bruselas.

Lo que el gobierno español social-comunista ha firmado, como Acuerdo, comprometiéndose a recibir 140.000 millones de euros a partir del año que viene y fraccionadamente año a año, es una vergonzosa rendición de pleitesía a los lobbies ecologistas, a la burocracia centralista de Bruselas y a programas ideológicos partidarios de sustituir demográfica y culturalmente Europa por africanos e islámicos.

Dinero que habrá que devolver con sinuosos intereses, y que engrosará nuestra ya impagable deuda pública. Ni el dinero en forma de “ayuda directa” (72.000 millones) ni los “préstamos” (otros 70.000 millones) para España, vienen subordinados a un “gástelo usted en bienestar de su pueblo y en fomentar la libertad de empresa y los derechos de los trabajadores”. En absoluto.

Los líderes europeos Merkel y Macron, capitanes del club europeo, y tras ellos los llamados países “frugales” (el bloque europeo “protestante”), han vuelto a dejar claro que la UE es un laboratorio de ingeniería social y globalista: no han impuesto un veto al bienestar de políticos manirrotos como los españoles; han lanceado a los trabajadores de la Europa del Sur, que pagarán la “cuenta”, perderán libertades y derechos, y se someterán a la dictadura ecologista.  En el largo Acuerdo de más de 60 páginas de condicionalidades leoninas, algunas ininteligibles, ninguna mordaza se pone contra el despilfarro de los Estados caracterizados por el derroche político como el nuestro.

Resulta pavoroso pero, los 100. 000 millones anuales de despilfarro español en Comunidades Autónomas; los 35.000 millones en duplicidades competenciales; los más de 20. 000 chiringuitos feministas y ecologetas de nuestro país; los 400.000 cargos políticos; los 2.000.000 de funcionarios públicos sobrantes nombrados a dedo o con concursos a medida; las 3000 empresas públicas; los coches oficiales etc, no se tocarán. De sellar un fin inminente a este derroche español que dura 40 años y que nos ha ahogado en un 100 por cien de deuda pública que llegará este año al 120 por cien del PIB –o más-, nada se dice; nada se impone a nuestros gobernantes.

Lo que se impone es la condicionalidad basada en recomendaciones obligatorias periódicas formuladas por la Comisión Europea que se habrán de cumplir y que entrañarán, entre otras cosas, el recorte de más de 500 millones de euros anuales para nuestros agricultores, cuyas ayudas en un 40 por cien se tendrán que destinar a “luchar contra el cambio climático”; otro tanto a la “transformación digital” del trabajo agrario; y lo demás, a potenciar “la agricultura ecológica”.  Estas exigencias, mastodónticas y rayanas en lo estridente redundarán, además, en el recorte al espacio de las explotaciones agrarias. Se trata de un rejonazo contra el sector agrícola de España y un gustazo para el lobby ecologista de Greta Thunberg. La agricultura europea fue tachada por Greta, durante la cumbre del climática del pasado mes de diciembre de 2019 celebrada en Madrid, como “contaminante”, “abusadora de los abonos y los químicos”, “extensiva y contraria al paisaje”. La ganadería española, otra gran perdedora en el Acuerdo europeo, también resultó penalizada por Greta, considerando el consumo de carne –y por tanto la ganadería-  como igualmente ofensivos contra el medio ambiente y la salud por sus emisiones “contaminantes” y por constituir una dieta “no saludable”.

Igualmente, los fondos de recuperación/ rescate se subordinan, en un 30 por cien, a la “lucha contra el cambio climático y a la economía verde”, y encierran los nuevos impuestos que serán aplicados a los ciudadanos de Europa, entre los cuales figurarán nuevos tipos impositivos sobre el consumo de los plásticos, el diesel, la carne, etc. La “transición energética”; esto es, avanzar en el proceso de desmantelamiento de las centrales nucleares y las térmicas y en la imposición de las caras e ineficientes renovables que nos suben un 70 por cien la factura de la luz gracias a peajes e impuestos, se acelerará, y los consumidores deberán pagar los efectos devastadores de retirar del “mix energético” las fuentes energéticas fósiles y nucleares que, además, creaban un poderoso número de empleos en la tildada como “España vaciada”. A partir de ahora,  ya no será sólo vaciada, sino “asesinada” laboral y demográficamente.

La cruzada contra la libertad y los bolsillos del contribuyente emprendida por Greta Thunberg y sus lobbies se verá satisfecha orondamente gracias al “rescate” que gobernantes sumisos al globalismo como Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, han aceptado de espaldas a los trabajadores y agricultores.

Del mismo modo, la Open Society Foundations de George Soros se va a ver enormemente beneficiada porque una jugosa parte del dinero del marco financiero europeo aprobado hasta 2027 así como de los fondos de recuperación, deberán condicionarse a la “integración de inmigrantes”, lo cual, en román paladino equivale a entregar más paguitas para los “menas”, impulsar “rentas permanentes” de efecto llamada para inmigrantes como el “ingreso minimo vital” lanzado por Podemos o las subvenciones a ONGs cooperadoras del tráfico esclavista de seres humanos como las que fomentaron la crisis de los falsos “refugiados” o la llegada a España del “Aquarius” entre otros episodios de vergonzoso blanqueamiento de la inmigración ilegal. Nada más aprobarse el “rescate” a España, Pablo Iglesias ha anunciado que un 25 por cien del “fondo social europeo” irá, no para los jóvenes españoles en paro, sino para los inmigrantes. Además, la titular de Exteriores de España,  Arancha Gonzalez Laya, ya ha anunciado que 1700 millones de euros serán destinados no a los españoles en las colas del hambre y sin su ERTE, sino a países africanos, musulmanes y sudamericanos dentro de una “política de cooperación”.

Además de los nuevos impuestos europeos, y de los recortes inevitables sobre pensionistas y trabajadores, Alemania y Francia han aprovechado el vendaval de necesidad de los pueblos de Europa para imponer otro requisito: la necesidad de ligar todas las actuaciones económicas y políticas de los países receptores de fondos a la “agenda 2030” de la ONU, al “pacto verde” europeo, a la economía “digital” y, cómo no, a la “perspectiva de género”. En otras palabras: una inminente transformación económica que acarreará un insondable coste para las empresas,  un impulso para la industria de Bill Gates y sus propósitos de control digital sanitario y social sobre la población y su intimidad, y un impulso a las “leyes de género” que imponen programas escolares de educación sexual-afectiva a los menores y crean artificiales derechos en manos del lobby LGTB y feminista cuyas tesis adoctrinadoras se instalan en las aulas.

No se proyecta ninguna política o condición a los Estados europeos basada en el estímulo a la natalidad autóctona y en la promoción económica y jurídica de la familia tradicional; pero sí se enaltece, en cambio, la ingeniería social basada en la ideología de género, convertida en el “alma mater” que deberá guiar la política de los Estados europeos.

En definitiva: las grandes corporaciones bancarias y los grandes lobbies van a ganar una partida más a la libertad y a la soberanía de los pueblos.

Con el establecimiento del “fondo de recuperación europeo” –el rescate-, el endeudamiento que va a asumir la Unión Europea para pagar, a su vez, a Estados hiper endeudados como España, beneficiará a la gran banca y al negociazo del Nuevo Orden Mundial y su ideología adherida. Una ideología basada en desarraigar a la familia tradicional, exterminar la libertad económica ciudadana, imponer los modelos sexuales estériles, monitorizar –o digitalizar- el control social, e imponer la sustitución étnica y cultural de Europa con la invasión inmigrantes de africanos y musulmanes.

España ha cedido su soberanía y su campo a cambio de las migajas de un pastel que no sólo no revertirán en el progreso y la calidad de vida de los autónomos, las PYMES y los trabajadores, sino que les impondrá la soga de nuevos recortes y una agenda ideológica totalitaria y globalista.