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El video de la muerte de un detenido de raza negra en Estados Unidos, ante un agente del orden blanco, en lo que parece un claro abuso policial, ha provocado una oleada de disturbios y saqueos en todo el país norteamericano, que además amenaza con extenderse fuera de sus fronteras, España incluida, donde ya se han producido movilizaciones, incluido el saqueo a un supermercado en Cataluña, y se han anunciado otras futuras.

Ciertamente, el video es estremecedor, y es difícil no sentirse indignado ante la brutalidad de las imágenes, aunque su víctima fuera un delincuente reincidente y no un pacífico ciudadano. Nada justifica un abuso de fuerza, con resultado trágico de ese tipo. Lo que tampoco parece justificarse son los destrozos y saqueos en su nombre, y menos aún que la prensa y los medios con pasmosa unanimidad, y con especial virulencia los de tendencia “progre”, así como la industria cultural, el mundo del “artisteo” (cínicamente llamado de la cultura) e, incluso, del deporte, estén legitimando los disturbios y criminalizando cualquier intento de las autoridades democráticamente elegidas de restablecer el orden, y todo ello bajo la etiqueta de  “black lives matter” (las vidas negras importan), movimiento surgido en 2013 a consecuencia de un hecho similar.Victimas mortales entre negros y blancos en EE.UU

Las vidas negras importan, nadie lo ha puesto en duda, pero parece que algunas importan más que otras, porque un estadounidense de raza negra tiene muchas más posibilidades estadísticas de ser asesinado por otro de su misma raza que por un policía blanco, y no se producen manifestaciones ni disturbios por esos miles de asesinatos. Y, desde luego, las vidas blancas no parecen importar en absoluto, porque nadie se moviliza por los blancos asesinados por negros (caso mucho más frecuente que el opuesto), ni en USA ni, por ejemplo, en Suráfrica, donde granjeros blancos son asesinados impunemente por puro racismo antiblanco, de manera habitual desde el fin del apartheid y sin que a nadie le importe. Tampoco concitan protestas las mujeres blancas en Europa violadas y, en los casos más extremos, asesinadas por inmigrantes, sino que, por el contrario, se pretende que la nacionalidad de los agresores se oculte, y se censura y calumnia con el epíteto de “racista” a quien los pone de relieve.

En febrero de 2000, el asesinato de un español a manos de un magrebí en la localidad almeriense de El Ejido provocó unos disturbios que la prensa no justificó, como en este caso, sino que criminalizó considerándolos (¿lo adivinan?) racistas, cuando sus autores más bien parecían personas vulnerables, hartas de la elevada criminalidad causada por la inmigración masiva, que actuaban movidos por el miedo, antes que por cualquier ideario supremacista. El doble rasero que utilizan los medios del sistema parece evidente.

La impactante imagen de la rodilla del policía blanco sobre el cuello del detenido negro, que ha dado la vuelta al mundo estos días, es frecuente presenciarla en Israel, sin que cause tanto alboroto, con militares israelís sobre niños palestinos, en una tierra en la que ha habido, en las últimas décadas, varios bombardeos de castigo sobre población civil que han causado miles de muertes, niños incluidos, pero en USA es de mal tono criticar a Israel y se acusa de antisemita a quien lo hace.

En 1995, el jugador de futbol americano negro O.J, Simpson fue absuelto del asesinato de su exesposa y un amigo de esta, ambos blancos, cuando las pruebas en su contra resultaban abrumadoras, bajo el argumento del supuesto racismo de la policía. Miles de “afroamericanos” celebraron la sentencia. Las feministas permanecieron en vergonzoso silencio.Represión policial con pierna sobre cuello del detenido

Finalmente, en esta relación de agravios comparativos, podemos referirnos al auténtico genocidio de nuestro tiempo, el de los niños no nacidos, de cualquier sexo, raza y color, privados de vida en el mismo vientre de sus madres por causa del aborto, millones cada año en el mundo.

Se argumenta que la muerte de un negro a manos de la policía estadounidense demuestra una situación de racismo institucionalizado, pero la estadística parece desmentirlo y un análisis más profundo demuestra lo absurdo de esta suposición. Es cierto que USA tiene una tradición de terrible racismo genocida, como todos los países protestantes, producto del darwinismo social y de la doctrina protestante de la predestinación de las almas, y que los indios nativos norteamericanos fueron tratados por los colonos ingleses, no como habitantes de sus tierras ancestrales, sino como parte de la fauna local, y fueron perseguidos y acosados hasta ser prácticamente exterminados, a diferencia del mestizaje producido por el Imperio español en el sur del continente, y que USA es una nación fundada por propietarios de esclavos negros, y que, aún después de abolida la esclavitud, como esta se llevó a cabo en la traumática circunstancia de la Guerra de Secesión, la segregación continuó en los estados del Sur durante varias décadas más.

Pese a esta historia de racismo cruel, lo cierto es que a partir de la Segunda Guerra Mundial la situación se transformó profundamente y más aún después del mandato de Kennedy, que acabó con la segregación en el Sur, para haberse institucionalizado ahora un antirracismo hegemónico que persigue toda disidencia. Dado que el racismo quedó asociado al nazismo, satanizado después de su derrota bélica, y Estados Unidos se constituyó entonces como un gran Imperio con aspiraciones de universalidad, para el que ya no le servía una doctrina racista, el ideario norteamericano cambió a un multiculturalismo antirracista que, incluso pasaba al extremo contrario, convirtiendo a la mayoría blanca en la perjudicada por medidas de discriminación inversa y sistemas de cuotas.Afroamericanos robando y saqueando comercios y establecimientos en Estados Unidos

La influencia posterior del marxismo cultural, desde la izquierda, que ha trasladado la lucha de clases del marxismo clásico, a la lucha de razas, de sexos, de orientaciones sexuales o, incluso, de especies, y de la utopía liberal de la sociedad abierta, definida por Popper y asumida por la fundación del magnate Soros, a la que da nombre, desde la derecha, ha convertido, en el tema racial que nos ocupa, a los “afroamericanos” en una “raza oprimida” por definición y sin que pueda discreparse del tal afirmación a riesgo de ser tildado de racista, dando lugar a toda clase de excesos en falsa compensación y provocando un detestable complejo de culpa, tan solo por tener el “privilegio” de haber nacido blancos, como si todos tuviéramos que pagar por los pecados de nuestros antepasados.

En definitiva, da la impresión de que los poderes económicos pretenden aprovechar estos hechos para impulsar su modelo de sociedad multicultural, aunque lo que estén consiguiendo sea poner de relieve su fracaso, presionar a los tribunales de justicia, para doblegarlos a su ideología, como en una caza de brujas, y desgastar o, incluso derribar al presidente de Estados Unidos menos globalista de la historia reciente.

Porcentaje de asesnatos de negros a manos de blancos y viceversa en Estados UnidosCuanto más nos obsesionemos en perseguir discriminaciones imaginarias entre razas o sexos, menos lucharemos contra la discriminación muy real entre ricos y pobres, que crece exponencialmente, acelerada por las políticas globalistas de destrucción de las clases medias y perdida del bienestar, que nos afecta por igual a hombres y mujeres, blancos y negros.

Por eso nosotros afirmamos que TODAS LAS VIDAS IMPORTAN. Desde luego, la de los detenidos negros en USA víctimas de abusos policiales, pero también la de las mujeres blancas violadas por inmigrantes, la de los niños palestinos, las vidas prenatales de los no nacidos o las de los propios negros asesinados por otros negros y por las que nadie protesta.

De igual modo, rechazamos los disturbios y saqueos alentados por los medios del sistema, que buscan enfrentarnos entre nosotros bajo falsas banderas, mientras nos roban nuestra identidad y nuestro futuro.