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La actualidad de la semana ha venido marcada por el que ya ha sido bautizado como “El bulo del culo”. Ciertamente, el ridículo histórico de toda la clase dirigente progre-globalista en el asunto de la agresión homófoba por 8 encapuchados que resultó ser mentira desde el principio tardará mucho en ser olvidado por su carácter especialmente cómico y estrafalario. Y es que todo nuestro “establishment” progre-globalista, lacayo del lobby homosexualista, tanto político, como mediático, como pseudointelectual, anda buscando su particular black lives matter rosa, su “pink lives matter”, digamos, y no termina de encontrarlo. No importa que las agresiones a homosexuales sean escasas y casi todas protagonizadas por inmigrantes, bastará una cuyos autores sean españoles para montar el circo de la homofobia, la “LGTBIfobia” y la “transfobia”, convocar manifestaciones por toda España y satanizar a cualquiera que se oponga a la agenda homosexualista y trans. El problema es que nuestra clase dirigente proge-globalista-homosexualista no encuentra siquiera ese único caso y de ahí que recurra a bulos y mentiras.

Y mientras tanto, la realidad, tozuda y caprichosa, sigue su camino. Porque si las agresiones a homosexuales no son hoy un problema, seguro que lo serán mañana. Y no a causa de las posiciones de los patriotas europeos, que son puro sentido común, sino de la inmigración masiva, esa que los mismos colectivos progres aplauden con entusiasmo suicida. Porque: ¿Qué pensamos que pasará cuando millones de personas procedentes de culturas misóginas donde a los homosexuales se les echa de sus casas para que no avergüencen a la familia, se les persigue, se les encarcela y, en los casos más duros, se les asesina lanzándolos desde azoteas, caminen por nuestras calles y se encuentren con parejas de homosexuales dándose besitos? ¿Pensamos que todo va a ser alegría y multiculturalismo? ¿Quién protegerá la seguridad y los derechos de los homosexuales cuando sus supuestos defensores estén entregados a defender la inmigración masiva para proveer de mano barata inagotable a sus amos?

Pero esta semana también ha sido la del aniversario del 11S, el atentado contra las Torres Gemelas en el que todo cambió, porque el día que cayeron las Torres, la guerra de civilizaciones con el islam pasó a ser el conflicto principal en el mundo. Guerra que, a la luz de que ha ocurrido estas semanas en Afganistán, podría decirse que estamos perdiendo. Y es que el verdadero enemigo de Occidente no es el islam, es su propia decadencia y hasta que esta no sea superada no existirá victoria posible. Hemos podido visualizar esto con claridad en Valencia, donde las quejas de grupos de musulmanes impidieron que se quemara parte de una falla, incluyendo una media luna, por no ofender a sus sentimientos. Ni que decir tiene, que los sentimientos de los cristianos sí pueden ser impunemente ofendidos, como demostró el caso del cártel blasfemos de la cantante Zahara en Toledo, unos días antes. En ese sentido, aplaudimos la iniciativa de un tuitero, de quemar la media luna por su cuenta. Y es que la media luna no es realmente un símbolo religioso musulmán (nosotros condenamos toda ofensa religiosa) sino cultural. En el islam la divinidad no puede representarse. Si impidieron que se quemase la falla no fue porque fuera un sacrilegio, sino para demostrar quién manda en un occidente avergonzado de su historia y humillado por sus elites apátridas.

El 11S también es el aniversario de la derrota austracista en la guerra de Sucesión y, por lo tanto, la diada, convertida en orgía de separatismo año tras año por el nacionalismo catalán. Baste recordar que la guerra de Sucesión no fue un conflicto entre Castilla y Cataluña, sino una guerra civil por la sucesión a la Corona y que Casanova, en su famoso bando, llamó a luchar por la libertad de toda España.