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Arden las calles de EEUU. Lo hacen por una turbamulta descontrolada, azuzada por el odio y manchada por la intoxicación.

En EEUU existe una guerra violenta emprendida por individuos criminales y salvajes. Aunque el buenismo occidental camufle este hecho, hemos de resaltarlo.

La muerte, en el Estado de Minnesota, de un ciudadano de raza negra –George Floyd- a manos de un Policía estadounidense en un acto de supuesto abuso policial, no justifica que un movimiento insurreccional compuesto por ciudadanos negros -y algunos blancos afines a movimientos ultra izquierdistas- incendien las calles, destruyan comercios, agredan a sus convecinos y hayan herido y matado a varias personas y policías.

Varios Estados de la Unión están recorridos por una oleada de violencia donde se asaltan negocios, se destruyen viviendas y se agrede, según corean los insurrectos, al “hombre blanco explotador”. ¿Qué hay tras estos movimientos de masas orientadas contra la población blanca de EEUU y contra su presidente Donald Trump?

El caso de supuesto abuso policial que ha provocado la muerte del ciudadano afroamericano George Floyd en Minnesota (que debe esclarecerse y depurarse legalmente) no ha sido más que el pretexto tomado por los movimientos racistas anti-blancos de EEUU, y por líderes locales del Partido Demócrata más incrustados en los grandes lobbies pro-inmigracionistas, para organizar una agitación de masas que va desde la propaganda anti-norteamericana hasta las soflamas racistas anti-blancas.

Realidades que no nos contarán en “La Sexta”: los afroamericanos representan el 12 % de la población, pero cometen más de la mitad de los homicidios y robos y más del 70 % de los delitos relacionados con las drogas. Esto hace que sus problemas con la policía, a veces letales, sean más usuales. Los estudios tampoco muestran que los policías blancos tiendan a protagonizar estos incidentes con negros más que los policías de raza negra.

En EEUU sólo se producen tiroteos en quinientos de cada millón y medio de episodios delictivos con arresto, y solo una parte pequeña de esos tiroteos resultan en muertes.

Aunque quieran dibujarnos que en EEUU hay una «epidemia de muertes a manos de la policía», estas son en realidad un hecho excepcional.

EEUU no es un Estado esclavista ni matón de ninguna raza. El modelo que estos días se está siguiendo en EEUU para levantar a población de raza negra contra los blancos y quemar las calles es el del terrorismo anti-blanco de Sudáfrica emprendido por el Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela y sus sucesores políticos, en el poder desde aquellos años 90 en que el “apartheid” blanco fue sustituido por otro racismo peor, esclavista y asesino: el del Congreso Nacional Africano, un partido comunista de raíz terrorista. Pretextando la “opresión blanca”, movimientos comunistas anti-blancos de Sudáfrica azuzados por Nelson Mandela y pilotados por ciudadanos de raza negra tomaron granjas en manos de “boers” –eurodescendientes radicados en Sudáfrica desde hace tres siglos y dedicados a la agricultura y ganadería- para producir más de 50.000 muertes de ciudadanos blancos durante 20 años y justificar actualmente reformas legales que permitan expropiar tierras e inmuebles de ciudadanos indefensos por el mero hecho de ser de raza blanca.

El guión de agitación, propaganda y exacerbación del racismo anti-blanco de EEUU fue desarrollado con inusitada fuerza desde que Donald Trump llegó al poder en noviembre de 2016. Entonces, los grandes lobbies de Hollywood y los poderes progres de los financieros y grupos mediáticos de izquierda instalados en Nueva York, meca globalista, comenzaron la campaña mediática a través del 90 por cien de los medios de masas de EEUU –en manos de la ideología multiculturalista de George Soros y Bill Gates- contra Donald Trump.

El odio entre razas ha sido sembrado con inusitado frenesí exacerbando cualquier hecho policial contra un ciudadano de raza negra, tuviera o no justificación la acción que lo motivó.

Que durante el mandato de 8 años de Barack Obama, cada año muriesen más negros a manos de la policía que bajo el gobierno de Trump en 4 años ha dado igual. Obama tuvo patente de corso para expulsar, cada año, a más inmigrantes de los que Trump ha expulsado en 4 años; también la tuvo para construir más kilómetros de muro con Méjico de los que Trump anunció construir (el muro es una obra ingeniada por el Partido demócrata de Bill Clinton, que lo inicia); y también tuvo patente de corso para que la policía de EEUU matase a negros en acciones de represión al delito en las cuales muy probablemente habría muertes injustificables como las hay en cualquier lugar del mundo. Obama, no obstante, tuvo bula e inmunidad… y un Premio Nobel de la Paz, pese a haber impulsado guerras internacionales injustas y dramáticas como la de Libia, Siria u otros conflictos en Oriente Medio, “Primaveras árabes” incluidas.

En 2017 hubo 900 muertes de ciudadanos a manos de la policía de EEUU. De ellos 300 eran de raza negra. Es una media que se ha mantenido prácticamente constante durante los últimos años. Si nos atenemos a estas cifras se rompe el mito de que sólo los negros mueren a manos de la policía, pues la mayor parte de los que lo hacen, en tiroteos o acciones de represión al delito, son personas de raza blanca. Y si bien es cierto que los negros son menos porcentaje de población sobre el conjunto total que los blancos, son sus barrios en ciudades y periferias los que aportan mayor inseguridad y delincuencia. Un 12 por cien de afroamericanos sobre el total de la población de EEUU, causan el 70 por cien de los delitos en EEUU.

Es normal que en una Nación como EEUU con 330 millones de habitantes haya violencia –como en todas las Naciones-, y que en actos de represión policial contra la violencia y el delito mueran personas –a veces, tal como puede ser el caso de George Floyd de forma arbitraria e injusta-. Lo que no es normal es que una muerte como la de Floyd, tal vez arbitraria e injusta, se convierta en un movimiento agitador, subversivo y de masas aguerridas que atacan la propiedad privada, la población de raza blanca y la paz ciudadana.

El buenismo progre internacional apoyado en los medios de la comidilla progre de EEUU afines al Partido Demócrata modelan a la opinión pública como arcilla para convertirla en un rebaño que no ve más allá del emotivismo vacuo en virtud del cual la muerte desagradable de un ciudadano negro debe motivar y justificar, al parecer, una guerra civil.

Los ciudadanos negros tienen una plena igualdad de derechos en EEUU desde 1965. Las políticas de igualdad civil, y reconocimiento de derechos han convertido a los negros en ciudadanos de pleno derecho en acceso a servicios públicos, empleos y sanidad. Y ya no es sólo mera igualdad. También es la injusta y aberrante “discriminación positiva”. Los gobiernos de EEUU desde 1965 a esta parte aumentaron los subsidios a población de raza negra desde los 5 millones de dólares de 1962 a los centenares de millones que hoy se reparten entre este colectivo étnico racial. Además, servicios como el de Correos, guardan preferencia para que altos cargos sean ocupados por personas de raza negra. De igual modo, Universidades como la de Harvard han convertido sus requisitos de acceso en una pura tomadura de pelo discrecional para impedir el acceso a los asiáticos –más preparados en cuanto a coeficiente intelectual general- y matricular a afroamericanos –inferiores a asiáticos y a blancos en cuanto a pruebas generales de coeficiente intelectual- utilizando criterios de admisión tan volátiles y absurdos como el de la “simpatía personal” demostrada. Semejante práctica en ciertas universidades fue denunciada en 2014.

Parte de la ciudadanía negra ha sido empoderada injustamente con criterios de “discriminación positiva” que discriminan a la población blanca.

En un año como éste, en que existe una campaña internacional de demolición contra Donald Trump perpetrada desde las hordas de la corrupta OMS, desde Bill Gates y desde China, los lobbies pro-inmigracionistas y globalistas en EEUU han tomado la propaganda por sus fueros y han tratado de lanzar a la guerra civil racial a la Nación norteamericana.

Quiénes practican la violencia en EEUU son claros y diáfanos en sus intenciones. Los vemos en las calles: queman banderas de EEUU y exaltan el “poder negro” luciendo banderas contra “la opresión blanca” urdidas por el partido anti-blanco, comunista y terrorista llamado “Pantera negra” muy activo entre 1966 y 1982. Siguen el modelo del racismo anti-blanco de Sudáfrica practicado por el comunista Congreso Nacional Africano del fenecido Nelson Mandela.

La convivencia multirracial en EEUU y en cualquier Nación es imposible. Ninguna civilización del planeta –ni la asiática ni la negra ni ninguna otra- anima a la mezcolanza y el mestizaje: sólo lo hace el Occidente desvaído, desnortado, entregado a la tutela de magnates progres como Soros y Gates que interviniendo el 90 por cien de medios de comunicación y propaganda internacionales–desde la CNN, hasta Bloomberg o La Sexta- queman cerebros y envenenan conciencias.

El marxismo cultural, focalizado en obras como la “Personalidad Autoritaria” de Theodor Adorno (1950), estigmatizaba al pueblo norteamericano como portador de un germen genético autoritario y fascista al descender de la “Europa belicista”. Ese marxismo cultural de filósofos como Herbert Marcuse o Theodor Adorno echó sus raíces en las Universidades de EEUU en los años 50, sentando las bases del complejo racial anti-blanco. También fomentó la “liberación sexual”, el “anti-capitalismo” y el “prohibido prohibir” que con drogas y sexo libre engendrarían en 1968 un movimiento de degeneración social e infantilización que terminaría desembocando en el progre-pijerío que hoy mueve los hilos del consenso políticamente en las Universidades, los medios de masas y los grandes partidos actuales, entregados a la deriva de esa inmensa mancha ideológica que perduraría hasta nuestros días.

Los partidos políticos liberales acomplejados y los progres están sumisos al credo marxista cultural, cuyos inspiradores fueron los componentes de la escuela llamada de “Frankurt”, fundada en 1923, y de la que partieron las infames bases filosofales anti-europeas y anti-occidentales desde las cuales el racismo anti-blanco fue potenciado en centros como las universidades de EEUU desde los años 50 del pasado siglo.

En estos días, los poderes fácticos y progres quieren derribar a Trump y a escala interna, en EEUU, la guerra ya está servida. Esta pasada semana el presidente de EEUU consignó la firma de la Orden ejecutiva destinada a proteger la libertad de expresión en Internet y Redes Sociales contra los caciques progres que las censuran. Esta pasada semana, EEUU rompió la relación con la OMS, tutelada y dirigida por el comunismo chino. Y esta pasada semana ha sido montado el aquelarre social violento y tumultuoso en las calles pretextando la muerte de un ciudadano negro. Los agitadores y los matones se han evidenciado. Los hemos visto ante las cámaras, agrediendo a ciudadanos, asaltando comercios y llevando a Estados enteros de la Unión a una situación de guerra civil. La muerte de un ciudadano negro, por injusta que pueda ser, no justifica el atraco, el asesinato, la agresión y el ataque a miles de personas blancas inocentes, a sus negocios, a sus casas o a sus hijos.

El racismo anti-blanco era el “AS en la manga” que el partido Demócrata de EEUU escorado hacia comunismo subversivo que representa Nancy Pelosi y el “Green new deal”, guardaban. Lo han lanzado contra un presidente masivamente apoyado por su pueblo, que bajó el desempleo hasta extremos no conocidos desde 1969 y que hizo crecer los salarios como nunca en 50 años.

Bill Gates, George Soros y la OMS –infiltrada por las dictaduras violentas marxistas de África y China- están de enhorabuena, porque han trasladado a EEUU el mismo ejercicio de guerra social entre razas y de racismo anti-blanco que Nelson Mandela y sus acólitos practicaron- y practican- en Sudáfrica con el mutismo vergonzante del Occidente buenista y plañidero de la progresía.

La blanca es la única raza y civilización que ha aceptado su suicidio y que no ha comprendido que la convivencia multirracial es imposible.

La lógica manda en esto: pueden existir ciudadanos negros y de cualquier otra raza en una Nación blanca o de otro tipo, en situación de legalidad y dispuestos a ganarse la vida. Siempre los ha habido. En la España de Franco teníamos algunos ejemplos. Pero de ahí a crear un “oasis multicultural” donde se masifiquen y mezclen de forma masiva razas diferentes en cuanto a capacidad cultural y voluntad de integración, va un abismo.

Las nociones de multirracialismo y “multiculturalidad” para conformar una sociedad “libre y próspera” además de ser un fracaso son una mentira fatal, y siempre serán manejadas por las agencias de información intervenidas por los fondos inversores de George Soros y Bill Gates para destruir a los gobernantes molestos como Trump o a los partidos incómodos como Vox. De este modo avanzan en el propósito de una gobernanza mundial a la cual se han entregado gobiernos social-comunistas como el español, dedicados a impartir la “nueva normalidad” que también llega, por la fuerza de los hechos, a los EEUU. Y es que la “nueva normalidad” no es otra que hacer llegar a los pueblos, de facto y de iure, el éxito de aquellos designios ideológicos que se creían imposibles o lejanos pero que, pandemia china mediante, ya se están imponiendo definitivamente.