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Si 2020 nos había parecido un año especialmente inusual y este 2021 parecía destinado a ser el del regreso a una cierta normalidad, han bastado unos días para convencernos de lo contrario. En este breve periodo del nuevo año ya hemos visto a unos MENAS atacar con saña a un niño autista y a la extrema izquierda defender muy ofendida… a los MENAS. Hemos visto a un gobierno de extrema izquierda diseñado para evitar los recortes subir los impuestos que pagan los trabajadores y permitir una subida del recibo de la luz brutal en plena ola de frío, dejando desatendidos a los sectores más vulnerables en el peor momento. Hemos visto el fracaso en los planes de vacunación del coronavirus no porque los malvados negacionistas de extrema derecha se hayan negado a ponérsela sino por problemas organizativos. Hemos visto un trineo pasar tirado por sus perros por el centro de un Madrid nevado, mientras miles de conductores se quedaban atrapados en la carretera en plena nevada sin la menor asistencia y sin que las autoridades hubiesen hecho la menor previsión del desastre. En fin, hemos visto a un hombre con los cuernos de un búfalo presidir el Congreso estadounidense en el asalto al Capitolio de un grupo de partidarios de Trump exaltados (tal vez con algunos miembros de ANTIFA infiltrados, aunque esto no se podido confirmar), denunciando el fraude de las elecciones de este país.

Un enfrentamiento civil en USA se veía venir desde que el establishment estadounidense consideró deslegitimado Trump, por no ser uno de los suyos, y así alimentó las teorías conspirativas de la trama rusa, absolutamente inverosímiles, realizó el intento de destitución del Ucrania Gate, montó las movilizaciones contra Trump al día siguiente de ser elegido y, por lo tanto, antes de que pudiera tomar ninguna decisión con la que no estuvieran de acuerdo, instigó las movilizaciones del black lives matter con violencia y saqueos bendecidos por la prensa, Hollywood y los deportistas, etc. No sabemos si habrá habido fraude en las elecciones estadounidenses, pero no sería la primera vez (Kennedy ganó así) y la prensa ha descalificado desde el principio las acusaciones de Trump sin darles el mismo tratamiento que recibieron, por ejemplo, las de Gore contra Bush en 2000. Desde la elección de Trump la situación política y social se ha degradado enormemente en los Estados Unidos de América, llegando a polarizarse la sociedad como no lo había estado desde su guerra civil. Trump puede tener parte de responsabilidad, por supuesto, por su conducta poco ortodoxa y sus extravagancias, pero los antiTrump también la tienen y probablemente mayor. No le perdonan que hace 4 años les dejase en ridículo con su elección y ahora se cobran venganza.

También llama la atención el pasotismo de todos los medios con la muerte de 4 personas en el asalto, no sabemos bien las causas, salvo de la primera de ellas, que se grabó en directo y cuyo video circula en redes y donde se puede ver perfectamente como es disparada por un policía a sangre fría estando ella desarmada. A nadie parece importarle, quizá porque es blanca y conservadora, cuando todos recordamos otros hechos trágicos donde el fallecido bajo custodia policial ha sido de otra raza o significación política y ello ha provocado auténticos terremotos sociales.

Inmigrantes violentos defendidos por la izquierda líquida entregada a las élites globalistas, gobiernos progresistas traicionando a los más débiles y saqueando el dinero de sus impuestos para mantener sus privilegios, caos organizativos provocados por una clase política incompetente y el centro del Imperio anglosajón globalista consumido por sus propias contradicciones. Ciertamente, vivimos tiempos extraños.