Seleccionar página

Prohíbe la disidencia de Forza Nuova, se alía con los comunistas e impone el pasaporte Covid.

En Italia las protestas de los miles de obreros depauperados por las imposiciones sanitarias están causando conmociones en el gobierno del tecnócrata y europeísta Mario Draghi así como en los viejos sindicatos de clase.

El mayor sindicato de Italia, terminal comunista caracterizada por servir a los postulados de la Agenda 2030 y llamado “Confederación Italiana del Trabajo” (CGIL), se ha convertido en el principal ejecutor de las intenciones impositoras de la dictadura sanitaria contra los trabajadores. Dicho de otro modo: o los obreros se vacunan o se van a la calle.

A partir del próximo 15 de octubre los sindicatos comunistas italianos pondrán en la boca de los obreros que defiendan su libertad la carta de despido mientras promueven la llegada masiva de inmigrantes ilegales.

Las familias italianas que antaño vieron en el sindicalismo un refugio, ven ahora en él a una ramera dispuesta a arrebatarles la libertad y el derecho al trabajo mientras sirven a las élites nacionales e internacionales más casposas y especulativas. Por ello ha crecido socialmente un movimiento callejero de protesta en el cual el partido político patriota “Forza Nuova” ha adquirido relevancia.

Hace unos días la sede del sindicato CGIL recibió la visita de miles de italianos dispuestos a cantar al sindicalismo mamporrero y antiobrero, las verdades del barquero. Trabajadores y ciudadanos lacerados por la miseria familiar y el desempleo irrumpieron en las instalaciones de los apesebrados. “Basta ya”.

La irrupción de varias decenas de personas en el edificio fue inmediatamente sometida a la diligencia policial e investigación rigurosa por la Fiscalía.  Fueron detenidas en pocas horas 12 personas y entre ellas Giuliano Castellino y Roberto Fiore, líderes de Forza Nuova.  La Fiscalía y el gobierno Draghi ya han dictaminado que el “neofascismo” es el promotor del episodio y que correspondía no sólo detener a sus líderes sino también cerrar la página web del partido de Fiore “por instigar a la delincuencia” cuando en ningún caso se animó a cometer desde ella delito alguno.

La persecución arbitraria utilizada es la misma que puso en práctica el presidente de Francia Emmanuel Macron, cuando hace unos meses ilegalizó a la asociación “Generación Identitaria” acusándola de promover el odio y la violencia social contra la inmigración. Lo hizo por las bravas, y sin ni siquiera pesar sobre esta organización antecedente criminal alguno y tan sólo por el hecho de advertir a la Gendarmería francesa sobre el peligro de cómo la frontera pirenaica era un coladero de inmigrantes ilegales pese a prometer Macron, que lo detendría.

En Italia han sido dos partidos de izquierda: el Partido Democrático y el “Podemos” italiano, Movimento 5 Estelle, los que en el Parlamento han planteado a Draghi la ilegalización de Forza Nuova mediante decreto gubernamental bajo la acusación de ser “neofascista” e instigar a la violencia. La forma de hacerlo, ya pensada por Mario Draghi, consistiría en la aplicación de una norma excepcional: la “ley Scelba” de 1952.

Esta norma permite al gobierno “en casos extraordinarios, de necesidad y urgencia” actuar por decreto ley “si un movimiento utiliza la violencia como método de lucha política o denigra la democracia o sus instituciones y valores”.

En caso de aplicar esa norma, a gusto de la izquierda, sería la primera vez que Italia ilegaliza un partido político aplicando este precepto.

El partido “Fratelli d’Italia” de Giorgia Meloni, que recientemente estuvo en España apoyando el multitudinario acto de Vox, se ha manifestado en contra de semejante aberración al igual que lo ha hecho la Lega de Matteo Salvini. Ambas formaciones han votado en contra de la moción parlamentaria de la izquierda que insta a la ilegalización inmediata de Forza Nuova.

Sin respetar la presunción de inocencia ni las garantías procesales, el gobierno italiano cortesano de Bruselas y de la Agenda 2030 quiere prohibir un partido político llamado Forza Nuova cuya ideología es compartida por miles de italianos, por miles de obreros y por miles de descontentos con esa dictadura sanitaria que en Italia quiere, desde el próximo día 15, expulsar de sus puestos de trabajo a todos aquellos que no se vacunen ni acepten el arrebatamiento de su intimidad sanitaria y personal.

La tiranía marxista globalista no conoce límites en la Unión Europea, donde la Comisión y los europarlamentarios liberales, derechistas y socialistas no descansan en la tarea de amenazar a Polonia por defender su soberanía ni tampoco en el chantaje a Hungría por sacar de las aulas el veneno del adoctrinamiento de género.

En España ya sabemos cómo funciona la tiranía sanitaria: nos secuestraron en nuestras casas durante tres meses bajo un Estado de alarma ilegal; suspendieron el Parlamento durante seis meses impidiéndonos las reuniones privadas y el derecho de libre circulación y residencia bajo un segundo Estado de alarma igualmente ilegal; y blindaron por decreto a inmigrantes ilegales y a okupas mediantes subsidios y leyes infames contra la propiedad privada.

Con el pretexto del Covid 19 y de las nuevas “olas” y “variantes” que se sacan del bolsillo, han impuesto un verdadero programa de control social sobre los pueblos libres que pretende despedir a miles de trabajadores.  Los gobiernos esbirros de las Agenda 2030 como el de Pedro Sánchez, el de Macrón o el de Draghi, han impuesto un ataque sin parangón a la libertad ciudadana y a los disidentes del globalismo.

La Unión Europea es, de facto, una cárcel soviética contra los disidentes y un engranaje para la imposición de las obsesiones sanitarias, climáticas, inmigracionistas y transgénero.

El movimiento social europeo contrario a las imposiciones sanitarias del pasaporte Covid, a favor del restablecimiento de los Sistemas de Salud nacionales y en contra de la globalización de la vacunación obligatoria, está en crecimiento exponencial y poniendo en almoneda a las oligarquías que se creían blindadas e invencibles.

En Italia, a las élites les ha entrado el miedo en el cuerpo. Quieren acabar con lo que llaman “neofascismo” y prohibirlo. En el fondo quieren acabar con la libertad y la conciencia de todo un pueblo al que desean convertir en esclavo de los políticos y las grandes corporaciones. Algo me dice que no lo van a conseguir.