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Diamantes en bruto 

07/05/2026

Considero oportuno abordar una temática que en nuestros círculos se encuentra latente, o comentada con la boca pequeña, pero que poco se ha tratado con el rigor que nuestra  época merece. Y es que O. Spengler ya trató la decadencia de Occidente durante el  primer cuarto del siglo XX, todo lo cual ha ido empeorando cada vez más desde la derrota de los nacionalismos revolucionarios. Porque la pendiente hacia el colapso resulta vertiginosa, salvo un giro de los acontecimientos de proporciones épicas. Pero si  Occidente ha empeorado, también han empeorado los patriotismos. Y en eso consiste  este texto, en la decadencia de la militancia patriótica. Máxime en los tiempos que corren, porque nos exigen ser mejores que nunca. Patrick J. Buchanan enumeró 3 elementos de  esta decadencia patriótica: el auto-odio occidental (deconstrucción de héroes y narrativas  heroicas), natalidad negativa con inmigración masiva (pérdida de “nosotros”) y una cultura hedonista-egoísta (que reduce la militancia a algo pasivo o paródico). Estos factores,  según el autor, impiden que haya militancia. Pero en este texto vamos a centrarnos en los  que sí militan de alguna forma. 

El único punto del patriotismo consiste en que la patria debe ser lo primero y lo último a lo  que debemos dedicarnos. Donde cada persona no quiera ganar ni medallitas, ni títulos  nobiliarios, ni protagonismo. Generando entre todos una sinergia en espiral ascendente  que se retroalimenta hacia más valor. Siempre, entendiendo a este patriotismo dentro de  la bóveda celeste y de cada ciclo natural. Es decir, no como ese nacionalismo a modo de  ‘religión secular’, el cual abunda en diversas formas de hooliganismo y de torrentismo.  Siendo comprensible, sin embargo, que nuestra posición se encuentra tan quemada, que  exige vías de fuga hacia formas anómalas. A este segmento del patriotismo se le suman  muchos más. Como por ejemplo, unas formas de tradicionalismo incapaces de adaptarse  a la actualidad, empujándolos a cambiar el término de ‘perenne’ por el de ‘pasado’. Ya  decía Gustav Mahler que “La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la  transmisión del fuego”. Estos reaccionarios impugnan que las modernidades hayan traído  consigo diferentes mitos que deben ser aceptados, como son el mito francés de la  Libertad, el mito alemán sobre nuestro Origen antropológico, como el mito  estadounidense relativo a la Prosperidad. Porque en los regímenes anteriores al nuestro,  se sufría el despotismo de monarquías corruptas, no se había tomado conciencia de  nuestro grupo étnico indoeuropeo, y se normalizaban situaciones de pobreza y de  subsistencia generalizados. Al igual que las guerras de religión ya han terminado. 

Por otro lado, existe un patriotismo más moderno, pero basado en legitimar las luchas  políticas del siglo XX. Las cuales fueron derrotadas militarmente, y esto los coloca en una  situación semejante a lo que era una herejía durante el medievo. Con la Iglesia hemos  topao’, se decía entonces. El advenimiento de las sociedades seculares y, en gran medida herejes, se dio mediante una combinación de progresos económicos, apelaciones al  racionalismo filosófico, con desarrollismos empiristas y crecimiento de las urbes. Que  después crearon el caldo de cultivo para El Concilio Vaticano II, sin haber protagonizado  una lucha frontal contra la religión. Es decir, defender la patria sí, pero no así. Aunque en  España tengamos una situación particular, mediante la detonación de las Cortes  Franquistas consigo mismas, que arrastraron las dinámicas del fracaso del  regeneracionismo (Joaquín Costa o Lucas Mallada). La Transición se hizo por la traición  de una serie de personajes hacia el Movimiento Nacional. Todo lo cual ha generado una  extraña mezcla de elementos que resultan entre nostálgicos que siguen pensando que  alguien los votará, con una huida en estampida de algunos sectores que han conformado  toda una heterogeneidad de grupos, junto con la simbiotización a las formas  democráticas, a través de la sociedad civil. Y que ha creado a partidos con el nombre de 

Democracia Nacional. Este proceso ocurrió con la generación boomer, que fuera del  patriotismo ha resultado ser calamitosa, pero que desde dentro de estas filas ha  conseguido mantener una resistencia con resultados ambiguos. Por el motivo de que la  sociedad ha cambiado a pasos tan agigantados (“a España no la va a reconocer ni la  madre que la parió”), que aquellos viejos cuentos de la Transición nos resultan ajenos. 

La ‘revolución pendiente’ ya ha sido protagonizada por el PSOE y ahora toca arar con  estos bueyes. Y estos cuentos de la generación boomer se acompañan con estructuras  cognitivas, recurrencias en conceptos, formas de militar e, incluso, en personalidades  resinosas, opacas y autoritarias que nunca generan movimientos de masas. Porque  tampoco somos ya masas, sino individuos subjetivistas, igual que no somos rígidos, sino  más ‘líquidos’ y reflexivos. Y el agua oxida al hierro, pero también deshace a la piedra.  Dentro del dinamismo propio del vitalismo que resurje como Mito en la actualidad. Para  todo lo cual, también ha aparecido otra forma de patriotismo más posmoderno e  innovador, que pretende asimilarse a las morfologías izquierdistas, o que pretende  encontrar soluciones en otros bloques geopolíticos basados en autocracias, en  fundamentalismos religiosos o en oligarquías mafiosas que ahora son legales. Este  patriotismo, acertadamente, propone un criticismo y un revisionismo constantes, propios  de esos estilos izquierdistas, pero que sufre la carencia de un espíritu, que es el espíritu  de la próxima revolución. Mientras ellos tienen en frente a la extrema derecha, que  también apela a un patriotismo pero constitucional, neoliberal en lo económico y sionista  en lo internacional. Y el cual depende de cuántos sapos seamos capaces de tragar sin  sufrir problemas estomacales, porque este es el juego que hay y debemos jugarlo para  ganarlo. El amateurismo político también existe en el patriotismo, el cual solo quiere ver  juegos de suma 0, blancos o negros, o síes y noes. Y por eso se disfraza de ser muy  digno, aunque así no alcancemos la cifra de los 15.000 militantes en toda España. Porque puede haber un pensamiento más allá de los dos bloques geopolíticos, más allá de unas  posturas taxativas en política internacional, más allá de estatolatrías, más allá de simples  racismos aversivos o más allá de glorificaciones del pasado. Y más allá de acercamientos  puntuales de conspiranoicos. Casa Pound lo ha entendido así. 

Precisamente, Jose Antonio hizo una cosa que hoy nadie ha hecho. Y es que él se  enfrentó dialécticamente a todas las vías de su época e intentó crear algo nuevo,  desobedeciendo a su padre y a todo lo establecido. En el siglo XXI debemos volver a  desobedecer y crear algo nuevo, con un nuevo espíritu, con nuevos símbolos, hacia un  Nuevo Mito y solucionando los nuevos problemas sociales que tenemos. Este texto solo  viene a explicar lo que muchos han comprendido ya, que es lo mismo que ha creado a  Núcleo Nacional como una formación predominantemente juvenil. Que también lo están  haciendo algunos jonsistas. Evitando los sesgos generacionales que hemos explicado  anteriormente. Con sus imperfecciones, con su carencia de una intelectualidad creativa y  con unas estéticas que pueden producir rechazo entre una parte de la población. Y casi a  la desesperada. Apostando aquí por un patriotismo que no consista en arrimar el ascua a  una sardina (jefecillos de su taifa), ni tampoco en una patria sin pueblo (rechazando al  50% de nuestra población), aunque tampoco en un pasatiempo para meros idealistas;  sino comprendiendo lo que somos y en lo que nos hemos convertido. Donde la fuerza de  la juventud y la experiencia de los adultos, se combinen con el tránsito de otro camino que no solo es posible, sino que es necesario. O nuestra Covadonga consistirá en marcharse  a Islandia e ir desplazándonos en diagonal hacia el sureste. Aunque el mundo de “los  grandes relatos” haya desaparecido (Lyotard) y solo seamos capaces de pactar un  programa de mínimos con 20 o 50 puntos. Pero todos juntos y a por ello. 

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