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La actualidad de la semana ha venido marcada por los debates amargos en relación a los llamados “antivacunas” y por una surrealista petición de perdón, a nuestro entender, fuera de lugar y sin perjuicio de las sobre-interpretaciones que se han producido en algunos medios.

La eficacia de la vacuna es un debate científico, su obligatoriedad o la discriminación de los no vacunados es un debate político, porque versa sobre la libertad. En ese debate e incluso aceptando que las vacunas sean relativamente eficaces y relativamente seguras, lo que está lejos de estar demostrado, una restricción de libertad no parece justificada, dado el reducido número de personas que se han negado a vacunarse y la falta de pruebas de que estén en el inicio de los nuevos focos. 

Para decir esto no hace falta ser un antivacunas ni un negacionista, lo puede decir gente vacunada e, incluso, miedosa. No nos perdamos en debates estériles y centrémonos en lo importante: que aprovechando la pandemia no nos quiten nuestra libertad.

Respecto a la herencia española en América, la ironía implícita de que los enemigos de España que parlotearon sobre “las lágrimas de los indios” exterminaran a sus indios en América del Norte y practicaran un colonialismo depredador en África que cuenta sus víctimas por millones no deja de resultar llamativo. Juan Manuel de Prada se sorprende así de la extravagante petición de perdón del Papa por los presuntos crímenes cometidos por los españoles o la Iglesia católica en la conquista de América, expresado en 2015:

“Yo vería muy justo y adecuado que la reina de Inglaterra o el rey de Holanda pidieran perdón por los crímenes institucionalizados que se realizaron en las colonias sojuzgadas por sus antepasados, donde los nativos por ejemplo tenían vedado el acceso a la enseñanza (en las Españas de Ultramar, por el contrario, se fundaron cientos de colegios y universidades), o donde no estaban permitidos los matrimonios mixtos (que en las Españas de Ultramar eran asiduos, como prueba la bellísima raza mestiza extendida por la América española), porque sus leyes criminales así lo establecían. Pero me resulta estrafalario que el Papa pida perdón por crímenes cometidos por españoles a título particular, y en infracción de las leyes promulgadas por nuestros reyes. Porque lo cierto es que los crímenes que se pudieran cometer en América fueron triste consecuencia de la débil naturaleza caída del hombre; pero no hubo crímenes institucionalizados, como en cambio los hubo en Estados Unidos o en las colonias inglesas u holandesas, pues las leyes dictadas por nuestros reyes no sólo no los amparaban, sino que por el contrario procuraban perseguirlos.”

El hecho de que los gobernantes españoles se preocuparan por la legitimidad jurídica, moral y religiosa de su actuación en América, en lugar de imponer pragmáticamente la vía de hecho, es un hecho sin precedentes y que otras potencias no se plantearán hasta pleno siglo XX en algunos casos, hasta el actual siglo XXI en otros y que, por desgracia, siguen sin plantearse en los demás. Hace casi medio milenio los españoles teníamos debates éticos que apenas ahora (o ni siquiera ahora) empieza a plantearse el mundo anglosajón.

Finalmente, queremos invitaros a todos a acompañarnos en la procesión cívica del 9 de octubre. En esta jornada, nacionalistas valencianos y, sobre todo, separatistas pancatalanistas intentaran apropiarse del protagonismo en la procesión cívica, hurtando su significado a la inmensa mayoría de los valencianos que nos sentimos valencianos y españoles, no de la «nacio valenciana» ni mucho menos «dels països catalans». Para defender la valenciania y la españolidad del Reino de Valencia, este 9 de octubre, todos a la procesión cívica. ¡¡¡VIXCA VALENCIA!!! ¡¡¡VIVA ESPAÑA!!! ¡¡¡EL REINO DE VALENCIA SIEMPRE POR ESPAÑA!!!