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Con motivo del aniversario del nacimiento de la gran Reina Isabel la Católica, compartimos unos fragmentos del que será el próximo libro de José Manuel Bou “El Sueño de España”, muy pronto disponible en ediciones Fides:

El reinado de Isabel y Fernando representa uno de los momentos estelares de la historia no solo de nuestra patria sino de todo el mundo, dando inicio a ese “momento superior de la especie humana” del que hablaba Taine.  Los logros de los reales esposos son impresionantes: Conquista de Granada, defensa del Mediterráneo Oriental, especialmente a Italia, del expansionismo otomano; descubrimiento de América y expansión de la Fe al Nuevo Mundo; y finalmente la Reforma de la Iglesia Española, gracias a la cual España se libró del luteranismo y de las guerras de religión, y que serviría de base para la Contrarreforma, donde los teólogos españoles formados en esta Iglesia reformada por la Reina tuvieron un papel clave. Como dice Carlos de Meer: “Sólo una de estas empresas hubiera glorificado a un reinado, reunidas todas componen la maravillosa sinfonía

Isabel de Castilla, hija de Juan II de Castilla y de Isabel de Portugal, de la que recibe el nombre, que entonces no era frecuente en España, nació en Madrigal de las Altas Torres (Ávila)​ el 22 de abril de 1451, Jueves Santo. A la muerte de su padre en 1454, Isabel fue enviada con su madre y su hermano a la villa de Arévalo, donde pasaría una época de dificultades, incluso económicas. 

Tanto Fernando como Isabel conocían los efectos de tener un rey débil o en una posición de debilidad, a merced de la alta nobleza, y los estragos que causaba sobre el reino y sus habitantes, las continuas guerras y luchas de poder que se derivaban de ello, y que constituyeron la principal debilidad de la España visigoda, que había permitido la conquista islámica. Isabel había visto como las intrigas de los nobles levantiscos, usando a su hermano, lo había, tal vez, llevado a la muerte. Fernando había padecido, desde su más tierna infancia, los conflictos en los condados catalanes entre la busca, el partido de los campesinos y comerciantes, que apoyaban al rey, y la biga, el partido de nobles y terratenientes, a menudo parásitos del esfuerzo ajeno, basados en privilegios de nacimiento, que constituían una oligarquía de intereses comunes enfrentada a la Corona, y como esa situación había derivado en guerras y destrucción. Compartían la misma visión de lo que después sería la monarquía autoritaria, un gobierno fuerte al servicio del interés general, capaz de superar los particularismos feudales. Finalmente, la pareja contrajo matrimonio en el Palacio de los Viveros de Valladolid el 19 de octubre de 1469, ella con 18 años y él con 16.

Es en el año 1475 cuando podemos fechar formalmente la unión de las coronas de Castilla y Aragón en la Concordia de Segovia, refrendada en la Concordia de Calatayud de 1481, por las cuales Fernando fue nombrado rey de Castilla como Fernando V, reinando junto con su mujer la reina Isabel I. También gran importancia tendrán las Cortes de Toledo de 1480, donde en su ley 111 se dice: «Pues por la gracia de Dios los nuestros Reynos de Castilla y de León y de Aragón son unidos, y tenemos esperanza que por su piedad de aquí en adelante estarán unidos, y permanecerán en una corona Real: E así es razón que todos los naturales de ellos traten y comuniquen en sus tratos y facimientos». Quienes pretenden negar la unión de España con los Reyes Católicos tienen un serio problema con la historia.

Para restaurar el orden público, defender la ley y establecer la seguridad se formó la Santa hermandad en 1476 en las Cortes de Madrigal, el primer cuerpo de policía de Europa, un avance significativo del que España es pionera. Finalizada la guerra civil y restablecido el orden interno, se abrió para Isabel y Fernando un universo de posibilidades entre las que destacaba consumar una tarea que había iniciado don Pelayo casi ocho siglos antes. Se trataba de restaurar el sueño de la gran nación formada por visigodos e hispanorromanos en el III Concilio de Toledo y concluir la liberación del suelo peninsular invadido por los musulmanes. 

Los Reyes Católicos realizaron también grandes reformas a nivel interno, que conformaron a España como el primer estado moderno del mundo. Crearon la figura de los corregidores, encargados de vigilar la administración de los municipios, que con esto conseguían un impulso esencial para el desarrollo de sus funciones. Desarrollaron un gobierno moderno, con eje en el Consejo Real, como una suerte de gabinete ministerial profesionalizado y crearon el Consejo de las Indias con el mismo sentido. La administración de justicia pasó a los letrados y dejó de estar en manos de la alta nobleza, con lo que se primó la competencia profesional sobre el nacimiento. Realizaron un primer impulso unificador de la legislación, representando las leyes de Toro en Castilla un buen ejemplo de ello. Revocaron las mercedes concedidas por Enrique II, acabaron con los abusos impositivos y suprimieron las fronteras aduaneras entre Castilla y Aragón. El ejército se convirtió en una institución permanente que dependía directamente de la Corona y no de los señores. Estas reformas dieron una ventaja organizativa a España sobre las demás naciones europeas y sentaron las bases de una hegemonía que duraría siglos.

Los Reyes Católicos refundan la España que ya habían creado los Visigodos en el Concilio de Toledo tras el paréntesis musulmán y a la vez crean el primer estado moderno del mundo, definido como la persona jurídica dotada de poder soberano y titular de relaciones en el orden internacional, al superar el sistema feudal que basa el poder en relaciones de lealtad personal o vasallaje para establecer un concepto de lo público, con la consiguiente creación de un cuerpo de policía moderno, de un ejército permanente y de una administración profesionalizada. Esto supone un acelerón en la historia al que otros pueblos no llegarán hasta pasados siglos.