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La reciente moción de censura al gobierno y la alineación de todos los grupos parlamentarios, salvo el promotor de la moción, con el ejecutivo ha puesto de relieve, sin entrar en cuestiones partidistas, que no son objeto de nuestra actividad como asociación cultural, la deriva del régimen político del 78 y la identidad de las políticas practicadas por sus distintos gobiernos bajo las trifulcas aparentes en las que ocasionalmente se enzarzan.

En materia social, por ejemplo, Suarez aprobó un Estatuto de los Trabajadores que cambiaba derechos individuales de los trabajadores por privilegios para los sindicatos y bajó la indemnización por despido de 60 a 45 días; Felipe González aprobó los contratos basura y legalizó las ETTs; Aznar eliminó los salarios de tramitación e instauró el despido exprés; Zapatero permitió enlazar contratos temporales sin límite y que la indemnización por despido bajase a 20 días en algunos casos; y Rajoy bajó dicha indemnización como regla general a 33 y amplió los casos en que puede aplicarse el de 20. Vemos, por tanto, una línea de continuidad clarísima en orden al retroceso de derechos de los trabajadores. Paradójicamente, durante todos estos años la tasa de paro no ha dejado de aumentar, llegando en lo más crudo de la última crisis al 25% (desde el 3% del final del franquismo), con más de 6 millones de desempleados y una tasa de paro juvenil del 50%. 

En materia territorial, el separatismo no pasaba del 10% en Cataluña y las provincias vascas al final del franquismo, llegando al 47% en pleno proceso separatista catalán en esta región, insuficiente, desde luego, para lograr sus fines, pero escandalosamente alto. La tesis según la cual el sistema autonómico saciaría las ansias de autogobierno de los nacionalistas y borraría, por innecesario, el separatismo se reveló errónea y, a mayores concesiones a los nacionalistas presuntamente moderados, más separatismo ha surgido. La creación de las autonomías, la cesión de porcentajes cada vez mayores de IRPF a sus gobiernos y de competencias cada vez más sustantivas, hasta llegar a las estratégicas de sanidad y educación, la segunda generación de Estatutos de autonomía, la norma básica de los entes autonómicos que forma parte del bloque de constitucionalidad, conforme a las pretensiones de los nacionalistas, no los ha conformado, sin embargo, ni dejado satisfechos, sino que concedida una reivindicación, inmediatamente han pasado a la siguiente sin solución de continuidad

Finalmente, en materia moral, también vemos una clara unidad de acción, bajo trifulcas solo aparentes, en la aplicación de todas las ramas del marxismo cultural, destacadamente la ideología de género, cuyos primeros impulsos suele perpetrar el PSOE, pero que después el PP se niega a corregir, desmintiendo su programa electoral y traicionando a sus votantes, en un ejercicio conjunto de aplicación de la Ventana de Overton, por la que, como decía Chesterton, los progresistas cometen los errores y los conservadores evitan que dichos errores se corrijan, lo que explica la hostilidad hacia quienes cuestionan estos “consensos”. Parece que el Régimen del 78 ha llevado básicamente las mismas políticas, independientemente del partido que haya gobernado, que estas han fracasado y no dan más de sí.

Solo de la sustitución de las políticas de imposición globalista como las de inmigración masiva, ideología de género, estado autonómico, retroceso de los derechos de los trabajadores y aplicación de un modelo económico que nos condena a vivir solo de los servicios mientras se destruyen nuestra agricultura y nuestra industria, por políticas verdaderamente patriotas, que corrijan esos errores podrá llegar un verdadero cambio. Si nos conformamos simplemente con cambiar a un partido por otro, como hemos hecho hasta ahora, no solucionaremos ningún problema y todo seguirá igual. Nos jugamos el futuro de nuestra patria que es el futuro de nuestros hijos.