Releyendo con motivo del 29 de octubre (fecha de la fundación de Falange Española) el famoso discurso fundacional de José Antonio en el Teatro de la Comedia de Madrid he podido comprobar su actualidad y profundidad.

El discurso tiene una estructura dialécticamente impecable. Comienza con una crítica del liberalismo capitalista (tesis) que incluye todas sus facetas: relativismo, voluntarismo, injusticia económica y social, pobreza… para continuar luego con una crítica al socialismo marxista (antítesis) por antinacional, vengativo, generador de barbarie y aun de más pobreza. Termina con la alternativa que se ofrece a cambio (síntesis), la del falangismo, una alternativa que concilia patriotismo con espíritu social, defensa de los valores tradicionales con justicia y lucha contra la pobreza, orden y autoridad con respeto a la libertad del hombre como «portador de valores eternos».

Es además un discurso poético, bien escrito, de impecable lógica y acendrado lirismo, que llama a la reflexión y al compromiso, que tiene esa «poesía que promete» que echamos a faltar tanto hoy en día.

Desde luego, muchas cosas han cambiado en estos más de 80 años, pero sigue existiendo la necesidad de una alternativa a las dualidades con las que nos engaña el sistema: izquierdas y derechas, capitalismo y socialismo, liberalismo y marxismo. Hoy, como entonces, vemos la tesis liberal fracasar con la crisis, con sus políticas de recortes que empiezan por los más débiles, con sus rescates a los bancos (ese capitalismo, diría José Antonio también, tan reacio a nacionalizar los beneficios, pero que corre a nacionalizar las perdidas), con su Unión Europea, su Fondo Monetario Internacional y su globalización, que no existían cuando vivió José Antonio, pero que son fenómenos del mismo capitalismo que él criticaba.

Vemos fracasar también la antítesis socialista. Vimos el corralito en Grecia y a Syriza bajándose los pantalones y bajándoselos al pueblo griego, hasta que fue desalojada del poder. Vemos a Venezuela arruinada, con represión chavista y desabastecimiento de productos básicos. Vemos a los concejales, diputados y ministros de Podemos en España, anticlericales, antiespañoles, insultar a la bandera, mearse en la calle, hacer chistes de genocidios o terrorismo, preocuparse más por cambiar los nombres de las calles o quitar retratos del rey que por resolver los problemas de los necesitados que confiaron en ellos y de los que ya se han olvidado.

Solo nos falta la síntesis, una síntesis política que mire más allá de las rencillas y miserias cotidianas, y nos ofrezca justicia social y patriotismo, orden y libertad, tradición y progreso, identidad y respeto. Que nos dé razón, pero también poesía. Que nos traiga, como diría José Antonio, la patria, el pan y la justicia. ¿Puede el patriotismo antiglobalista representar esa síntesis? ¿Podrá Vox en España, como otros partidos de la misma significación en otras latitudes, superar sus reminiscencias liberaloides y antisociales y sumar a la defensa de la patria la justicia social sin la que cualquier proyecto regenerador y nacional está condenado necesariamente al fracaso?