El diccionario de la Real Academia Española endosa al adjetivo —malsonante— “gilipollas”, sin más explicación, otros dos como son el de “necio” y el de “estúpido”.
De necios y estúpidos está el mundo lleno. Lo que ocurre es que hay gilipollas de medio pelo, de un bajísimo caché, los que más abundan y que, a lo sumo, te pueden complicar, en un momento dado, el día a día: en tu propio hogar, en el bar de la esquina, en el banco, en el autobús e incluso en la mismísima cola del paro.
Luego están lo que pudiéramos llamar gilipollas “premium”, que son bastante menos numerosos, pero cuyas gilipolleces pueden llegar a costar vidas humanas y arruinar economías de regiones e incluso de países, y más en estos tiempos convulsos en donde los bípedos de todo el orbe malvivimos sobre barriles de pólvora. Segurísimo estoy que el lector tiene en mente a alguno de estos pajarracos.
Pero hoy me voy a fijar en un gilipollas que, al menos en España, no está ni en boca de tertulianos televisivos ni de francotiradores de Youtuberlandia. Se llama Søren Andersen y vd. se preguntará si el gilipollas no será el autor de estas líneas por traer a un solemne desconocido al que me he permitido hipermegasobrevalorar.
Si he traído a Søren a esta tribuna libre de Valentia Forum es porque me ha llamado poderosamente la atención recientísimamente en un canal francés de Telegram, que sigo con cierta asiduidad y que se dedica a meter las narices en esas cosas de la geopolítica mundial y los conflictos internacionales. Pero, ¿quién puñetas es este tal Søren Andersen? Al grano. Este señor es general y jefe del Comando de las Fuerzas Árticas Unidas de Dinamarca en Groenlandia quien, a estas alturas del telefilm, sostiene que la mayor amenaza para ese gigantesco y apetitoso “gelatti” al norte de Canadá es… la Federación rusa.
No Søren, pero sí determinados voceros del atlantismo a los que se conoce como “nafos”, han difundido los últimos días que la zona estaba infectada de sospechosísimas naves chinas, cuando lo único raro que se divisaba desde la costa era justamente un barco de investigación ruso, perfectamente identificado y monitorizado, operando a unas trescientas millas náuticas de la isla.
Con la que está cayendo, con manifestaciones antiyanquis en la mismísima Copenhague, incluso con la idea de algunos “leaders” europeos de desplazar tropas a Groenlandia para defender su sacrosanta soberanía frente a los insaciables apetitos de un gilipollas —en su variante sangrienta— como Trump, Søren Andersen sigue, erre que erre, esperando “un aumento de la actividad rusa en la región en los próximos años y por ello considera necesario reforzar previamente la presencia militar en el Ártico para —según apuntó—, proteger la frontera norte de la OTAN”.
Yo no sé si a vd., después de haber llegado hasta aquí, le apetecería, pero a mi me agradaría muchísimo tener la potestad de otorgar un “Gilipollas de Oro y Brillantes” a Søren Andersen porque estoy convencido se lo ha merecido sobradamente. Bueno… a Søren compartido con María Corina.

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