Las elecciones de diciembre de 2025 en Extremadura abrieron un nuevo ciclo electoral a desarrollarse en 2026 marcado por la agonía del sanchismo, ya sin apoyos parlamentarios suficientes y sin ser capaz de aprobar los presupuestos año tras año, y por una creciente hostilidad entre PP y Vox. Precisamente Extremadura constituía el principal escenario del enfrentamiento entre las formaciones supuestamente conservadoras, al ser la líder del PP, María Guardiola, una representante de su ala más izquierdista y cómoda con las políticas multiculturalistas y de género de la izquierda y, en definitiva, del sistema.
Las elecciones, de hecho, se convocaron al no ser Guardiola capaz de aprobar los presupuestos por no poder ponerse de acuerdo con Vox. Ya la investidura había sido conflictiva, protagonizando la popular un espectáculo de vergüenza ajena, atacando a Vox con los argumentos progres más miserables, para tener que acabar comiéndose sus palabras después y pactar con ellos, todo ello en plena campaña electoral nacional, contribuyendo a la victoria pírrica del PP y a que Sánchez pudiera seguir gobernando merced a sus pactos con los separatistas, la extrema izquierda y los proetarras.
El que la propia líder popular compartiera argumentos con Pedro Sánchez al criminalizar a Vox como de “ultraderecha”, cuando tenía que acabar muriendo con ellos, al no poder gobernar en solitario, sabiendo los electores que lo mismo iba a pasarle a Feijoo a nivel nacional, validó la estrategia del miedo sanchista, para movilizar el voto de la izquierda.
Los medios de izquierdas y del PP (valga la redundancia) culparon a Mazón de fomentar este miedo a Vox, porque fue el primero en pactar con los de Abascal en la Comunidad Valenciana, pero eso es un error o una mentira deliberada para desincentivar al PP a pactar con Vox (como si un PP en minoría con un PSOE instalado en el “no es no” tuviera otra alternativa) porque Mazón fue discreto y resolvió rápido la papeleta, a diferencia de Guardiola que montó un espectáculo lamentable.
Sin embargo, el resultado de Extremadura da a entender que la estrategia del miedo a Vox cada vez funciona menos. Ni movilizó votos para la izquierda ni para el PP, para que pudiera gobernar en solitario.
La campaña fue particularmente dura entre PP y Vox, como si el hundimiento del PSOE ya se diera por descontado (como en efecto ocurrió) lastrado por la decadencia del sanchismo y por la imputación de su candidato, Gallardo, en un caso de corrupción que implica precisamente al hermano del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El PP, consciente del auge de Vox entre los jóvenes haciendo uso de las redes sociales, lanzó sus bots y sus opinadores a la batalla cuerpo a cuerpo. Dados los resultados, no se puede decir que con mucho éxito.
Las encuestas ya pronosticaban el hundimiento del PSOE y el ascenso de Vox, pero se quedaron cortas. Mención aparte merecen las de medios afines al PP donde se coqueteó con la idea de que María Guardiola pudiera llegar a la mayoría absoluta, intento de profecía auto cumplida estrepitosamente fracasada.
El resultado final solo fue bueno para Vox. El hundimiento del PSOE, desde luego, fue incontestable, pero el PP tampoco tuvo nada de lo que alegrarse con su victoria en Extremadura. Pretendía obtener la mayoría absoluta o acercarse a ella y al final solo ganó un escaño, perdiendo votos, por el hundimiento del PSOE. Vox pulverizó las encuestas duplicando resultados holgadamente, demostrando que su estrategia de abandono de los gobiernos autonómicos, de utilizar la inmigración masiva como idea fuerza y de apoyo al mundo rural es acertada.
Guardiola sigue dependiendo de un Vox con mucha más fuerza y la estrategia del PP de ir al choque con Vox se demuestra completamente desacertada. El sanchismo se hunde, pero no en beneficio del PP sino de Vox.
Y todo ello a pesar de la manía de Vox de pegarse tiros en el pie, como la absurda polémica de Revuelta, provocada por luchas de poder internas en Vox, pero que dieron gasolina a los medios de izquierdas y del PP, valga la redundancia, para criminalizar a los de Abascal. En plena campaña extremeña estalló el escándalo sobre supuestas irregularidades contables de la asociación juvenil Revuelta, vinculada a Vox. Resultaba especialmente desagradable por la gestión de las donaciones para ayudar a víctimas de la DANA, que supuestamente no habían llegado a su destino. Todo venía acompañado de unos audios, que en realidad no decían nada sustancial.
El caso influyó poco o nada en los votantes de Vox a la luz de los resultados. El voto a Vox es el más fiel de todo el arco parlamentario y tiene bastante lógica que un supuesto de presunta corrupción, que al final puede quedarse en nada, tenga poco peso, ante partidos que se gastan el dinero de los ciudadanos en prostitutas y cocaína o que tejen tramas organizadas de sobornos como PSOE y PP.
De todas formas, Vox no debería confiarse. Su falta de estructura territorial es una desventaja que, por ahora, no tiene mucha influencia, ante la indignación de sus votantes por la inseguridad que genera la inmigración masiva y la ruina a la que se condena al mundo rural con las políticas globalistas de PP y PSOE, que hacen que se vote por la sigla, pero no siempre va a ser así.
La insistencia en mantener una estructura hipercentralizada y monolítica limita a Vox, dando lugar a una riada creciente de antiguos candidatos ofendidos y rebotados contra la dirección, algunos tan importantes como Espinosa de los Monteros u Ortega Smith y a tramas como la de Revuelta, y aunque por ahora no evita su ascenso, es un problema que deberá solucionar para aspirar a retos mayores.
Ahora falta lo más difícil, negociar con un PP absolutamente comprometido con las políticas sistémicas para apartarse de ellas y no defraudar ese entusiasmo mostrado por sus votantes. Al final, la política partidista es lo menos importante, lo único relevante es que se cambien los ciclos históricos. El éxito de Vox no es casual, tiene que ver con una tendencia mundial de rebeldía contra las políticas globalistas que provocan nuestra miseria. Si Vox olvida que esto no va de izquierdas y derechas ni de PP y PSOE, sino de globalistas y patriotas, cometerá un error fatal. Como ellos muchas veces repiten, pero tienen que creérselo de verdad, el futuro pertenece a los patriotas.
Fuente: https://www.xn--elespaoldigital-3qb.com/extremadura-el-sanchismo-se-hunde-pero-no-en-beneficio-del-pp-sino-de-vox/

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